Esperanza, optimismo y europeísmo

M. Lorenci / D. Roldán MADRID / COLPISA

PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS

Ballesteros | EFE

Richard Ford y Mary Beard hicieron referencias a Trump, el «brexit» y Siria en sus discursos

22 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El mundo de la cultura estuvo representado en los premios Princesa de Asturias por la actriz Núria Espert, el escritor Richard Ford y la historiadora Mary Beard. En su discurso, la intérprete catalana recordó cómo el teatro se apoderó de ella con 13 años y la hizo «apasionada y ambiciosa», solo capaz de ser ella misma «sobre un escenario». Recurrió al genio de Lorca y de Shakespeare, para explicar sus sentimientos. «¿Es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad? Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretase sus dientes por última vez», dijo apoyándose en Doña Rosita la Soltera. Evocó luego en catalán la últimas palabras cuerdas de El Rey Lear antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor. 

La lucha por la libertad y los derechos de las mujeres son dos características de la historiadora británica Mary Beard, que no ocultó su alegría al recibir el premio de Ciencias Sociales. Su Roma y el brexit estuvieron presentes en su discurso de Beard, que reivindicó que «la historia no es simplemente sobre el pasado; como conversación entre el presente y el pasado, tiene tanto que ver con nosotros». Y aludió a las relaciones entre su país y la UE a través de un verso del poeta inglés John Donne. «Ningún hombre es una isla / algo completo en sí mismo / cada hombre es un fragmento del continente». «Me temo que mis compatriotas olvidan su mensaje, pero ha estado rodando por mi cabeza esta semana: en los eventos que hemos disfrutado juntos, me he sentido parte de una historia compartida y de un continente compartido. Y por todo eso me siento muy afortunada», concluyó. 

El autor Richard Ford recordó el modo en que conoció que había sido galardonado con el Princesa de Asturias: «Pueden imaginarse el revuelo en nuestra casa cuando una mañana recibimos un correo electrónico del rey». Tras asegurar que se le hacía difícil sentirse humilde «en este mismo estrado donde estuvo una vez Woody Allen», glosó la vocación del escritor en un canto al optimismo y la alegría de vivir. Tolerancia, empatía, y solidaridad fueron palabras clave de una alocución en la que citó a Ortega y Gasset y evocó la grave situación de Siria, Birmania o Sudán del Sur. Lamentó la «excesiva gravedad de un mundo que no predispone demasiado a la alegría». «Y los norteamericanos lo vivimos -dijo- cuando vemos que Donad Trump puede llegar a ser nuestro próximo presidente». «Al parecer la alegría mengua velozmente en el mundo; por lo que supongo que se hacen aún más necesarios los actos de la imaginación encaminados a inventarla», planteó.