Asegura Eduardo Mendoza en «La verdad sobre el caso Savolta» que las «ideas deben morir y renacer, no permanecer petrificadas, fósiles, conservadas como piezas de museo». Las ideas que acreditan a los galardonados este año con los «Premios Princesa de Asturias no han nacido aquí, es cierto, pero aquí confluyen y se fusionan para mostrarle al mundo que una «idea deviene un hecho y los hechos cambian el curso de la Historia».
Los Premios Princesa de Asturias alcanzan su 45 edición convertidos en un sólido crisol en el que convergen reflexiones, ideales y conocimientos que nos enriquecen como personas e impulsan nuestra sociedad hacia un futuro mejor. Hoy, en Oviedo, en este Teatro Campoamor en el que se funden tantos logros admirables, reunimos lo más destacado de la cultura, las ciencias sociales, las artes o la investigación en pos de un hermoso objetivo: el entendimiento y la convivencia pacífica de los seres humanos, más deseados hoy que nunca por estar más amenazados.
Nada mejor que conocer el peligro para poder conjurarlo, por eso las ideas de Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, nos son muy necesarias, porque nos obligan a mirarnos en un espejo menos distorsionado de lo que nos gustaría pensar. Para el filósofo, vivimos en una sociedad obsesionada por el beneficio, en una escalada feroz que no da tregua y obliga al individuo a ser constantemente productivo. La libertad, entonces, desaparece bajo la compulsión del rendimiento y la producción.
Además, los avances tecnológicos se presentan como una compensación engañosa que ofrecen falsos paraísos narcisistas y un sentimiento superficial de felicidad; lejos de acercarnos a los demás, estas nuevas formas de comunicación han alterado el modo en que nos relacionamos. La confluencia de ambas situaciones empobrece nuestra vida social y personal, fomenta una sociedad individualista y conduce a la pérdida del sentido de comunidad.
Las reflexiones de Douglas Massey, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, no nos ofrecen un retrato mucho más positivo de este mundo nuestro en el que, advierte, la propagación de las dictaduras es cada vez más probable, y que se enfrenta cada día a la alteridad como si de un ochomil inexpugnable se tratara. La exigencia de la libre circulación de dinero y mercancías que reclama el capitalismo global va acompañada, paradójicamente, del rechazo a la libre circulación de personas.
Pero los flujos migratorios no se detienen porque los empuja un motor de movimiento perpetuo: las relaciones de poder y las desigualdades en el planeta. Y estos desplazamientos, ¿alguien lo duda?, están marcados por la discriminación racial. Los inmigrantes encuentran más barreras sociales, económicas y políticas en proporción directa al color de su piel. No deberíamos olvidar que no existe más raza que la humana, que las personas, todas, compartimos el 99.9% de nuestro ADN y que, en algún momento de nuestro pasado, todos fuimos negros.
Si alguien ha marcado una diferencia con sus investigaciones científicas y su profundo compromiso ético y social es Mary-Claire King, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, quien ha abundado aún más en la escasa diferencia genética entre humanos al demostrar la proximidad evolutiva que mantenemos con otras especies, como los chimpancés, con quienes la similitud alcanza el 99%.
Sus avances sobre la evolución, la genética del cáncer de mama y de ovario y el uso del ADN en la defensa de los derechos humanos, como la identificación de personas desaparecidas y sus descendientes bajo regímenes dictatoriales, nos inspiran y, sobre todo, nos hacen creer que, cuando trabajamos por el bien común, nada nos detiene.
El bien común de todo un continente que vivió las dos guerras más brutales de nuestra historia y la necesidad de colaborar para que algo así no vuelva a repetirse jamás es lo que ha impulsado a Mario Draghi, Premio Princesa de Asturias Cooperación Internacional por su empeño en cimentar una Europa capaz de superar la división entre países y ese egoísmo colectivo que algunos prefieren llamar nacionalismo. La integración, el multilateralismo y el trabajo conjunto en el seno de una Europa que camine fuerte, libre, unida y solidaria son sus señas de identidad.
Este compromiso se ha mantenido a lo largo del tiempo; lo demuestra que el informe que está haciendo posible la transformación de la Unión Europea lleve su nombre. Draghi, como este galardón, es sinónimo de conocimiento, servicio público y colaboración.
Saber de dónde venimos es esencial para saber hacia dónde vamos y en ese propósito resulta fundamental el espacio para la reflexión que ofrece el Museo Nacional de Antropología de México, Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Desde la herencia indígena que atesora contribuye a mejorar la comprensión del patrimonio humano y nos ayuda a conocer el presente y el futuro de nuestra especie, condición ineludible para avanzar hacia una sociedad más justa.
En sus salas está la prueba, por si alguien la necesitara, de que el intercambio y el mestizaje, lejos de corromper, suman y engrandecen. El legado del periodo del virreinato refleja que la fusión de ambas culturas, la española y la indígena, enriqueció a ambas.
Apegada a la tierra, sin impedir por ello que vuele su imaginación, la obra de Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias de las Artes, se adentra en las comunidades indígenas, sobre todo, de México, sus ritos y tradiciones, para mostrar un mundo cargado de simbolismo, que navega de lo real a lo mágico y que impacta con un riguroso blanco y negro.
Sus fotos conjugan con aparente sencillez la profundidad del retrato psicológico, la radiografía social y la intuición de que, acaso, todo lo que vemos no sea todo lo que hay. El poso de inquietud que deja tras de sí es la marca de agua de una artista innovadora y dueña de una excepcional profundidad artística.
Número uno del mundo durante 319 semanas, ganadora de los cuatro Grand Slam de forma consecutiva en dos ocasiones, seis veces campeona del Open de EE UU y siete del torneo de Wimbledon… El palmarés de Serena Williams, Premio Princesa de Asturias de los Deportes, es casi interminable: 73 títulos individuales, 23 dobles, dos dobles mixtos, cuatro medallas de oro olímpicas y el Golden Slam. Y, sin embargo, Williams ha trascendido las pistas de tenis para comprometerse con causas como la ayuda a las víctimas de violencia, la igualdad de oportunidades en la educación y el apoyo a la creación de empresas de mujeres y personas pertenecientes a minorías.
Desde unos inicios muy alejados del éxito social y económico que llegaría con las victorias deportivas, Serena Williams se ha convertido en una de las mejores tenistas de la historia y en el símbolo de la lucha por la igualdad racial y de género en el tenis.
Creo, como dije, que debemos conocer los peligros para evitarlos, pero el conocimiento tiene un precio y el despertar de la conciencia nos obliga a plantearnos preguntas complejas. Todas las artes aportan esa luz tan necesaria para ayudarnos a comprender el mundo y la literatura es una de las que iluminan con mayor intensidad. De luz y de conciencia sabe mucho Eduardo Mendoza, Premio Princesa de Asturias de las Letras, que, con su primera novela, «La verdad sobre el caso Savolta», renovó la narrativa española y nos ofreció una radiografía de la burguesía catalana y los conflictos labores de los primeros años del siglo XX con una mixtura de estilos donde no faltaba ese humor tan peculiar con que entrevera su obra.
Mendoza ha conseguido ese milagro de aunar el aplauso de la crítica y el éxito comercial y ha creado personajes tan inolvidables como el improbable investigador que nació en El misterio de la cripta embrujada o el extraterrestre que se aventuró en la Barcelona preolímpica —para satirizarla— en busca de su compañero Gurb, del que no tenía noticias.
Dueño de una admirable falta de complejos literarios que encorsetan a otros en límites grandilocuentes, el ingenio con que observa su entorno y la agudeza con que lo describe convierten a Mendoza en un autor libre, arriesgado y feliz, al igual que a sus lectores.
Celebremos que exista y se reúna aquí la muestra de tanto talento. Si una idea es un monumento más grande que una catedral, no hay Notre Dame ni Basílica de San Pedro capaces de contener el trabajo que los Premios Princesa de Asturias reconocen hoy como una deuda que nunca podremos saldar.
Pueblo Ejemplar de Asturias 2025: Valdesoto
Dedico unas últimas palabras a dar la enhorabuena a Valdesoto, orgulloso Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, un galardón más que merecido por su perseverancia y su capacidad de sumar fuerzas para preservar su entorno y sus tradiciones. Su labor de conservación y recuperación del patrimonio ha demostrado la capacidad que tiene la unión vecinal para transformar el paisaje y crear comunidad.
Enhorabuena a todos cuantos habéis trabajado para obtener este reconocimiento y os animo a mantener vivo este legado que enriquecerá a las próximas generaciones. Valdesoto es ejemplar gracias a vuestro compromiso, esfuerzo y voluntad. Esa triple labor de conservar el pasado, mostrarlo con orgullo y proyectarlo hacia el futuro merece el aplauso de todos.
Comentarios