Teresa Sanjurjo: «El mundo es muy grande y esto se refleja en la procedencia geográfica de las candidaturas»
PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS
La presidenta de la Fundación Princesa de Asturias habla de la trayectoria y los retos de la institución para el futuro
21 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Teresa Sanjurjo (Madrid, 1972) es directora de la Fundación Princesa de Asturias desde 2009. Licenciada en Derecho por la Universidad Pontificia Comillas, ha desarrollado toda su carrera en el ámbito de las entidades sin ánimo de lucro, especialmente en fundaciones. Llegó incluso a ser directora general de la Asociación Española de Fundaciones. Con su amplia experiencia, realiza ahora un repaso de la trayectoria de la institución asturiana privada, cuyo objetivo es contribuir a la exaltación y promoción de los valores científicos, culturales y humanísticos, además de mantener el vínculo del Principado con los herederos de la Corona.
—¿Qué novedades veremos en la edición de los Premios de 2025?
—La principal novedad de 2025 son nuestros premiados, quienes en cada una de las ocho categorías nos brindan, todos los años, ejemplos, referencias y mensajes que son no solo útiles, sino también muy necesarios como brújula en este tiempo de incertidumbre que seguimos viviendo.
—Los Premios abarcan cada año más actividades. ¿Qué planes tienen para los próximos años? ¿Qué les gustaría poder organizar en el futuro?
—Conviene recordar que, tanto en 2024 como en 2025, celebramos una edición especial de nuestra Semana de los Premios y del programa cultural para centros educativos «Toma la palabra», en conmemoración del décimo aniversario de la Princesa de Asturias como presidenta de honor de la Fundación. Aquella programación extraordinaria respondió a un contexto específico que no se da este año, por lo que retomamos el esquema habitual de actividades. Ideas no nos faltan. La riqueza intangible que han aportado los galardonados a lo largo de estas décadas constituye un valor excepcional para la institución y es una fuente de inspiración constante para emprender nuevos proyectos. Sin embargo, mantenemos nuestro compromiso con la misión fundacional. El foco está y seguirá estando en los Premios y en la programación cultural que los acompaña.
—Y el resto del año, fuera de las semanas próximas a la entrega, ¿se plantean nuevas iniciativas?
—La organización de los Premios Princesa de Asturias implica un año entero de trabajo y somos un equipo reducido. Por tanto, no podemos perder de vista ese objetivo fundamental si queremos que los Premios mantengan su prestigio consolidado y, al mismo tiempo, sigan sorprendiendo con propuestas innovadoras en nuestra programación cultural y educativa. Quiero destacar también nuestra creciente actividad vinculada al mundo rural asturiano a través del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, en cuyo marco organizamos un encuentro anual, así como en el ámbito de la música con la actividad desarrollada por el Coro de la Fundación.
«Si pudiera cambiar algo, sería la posibilidad de dar cabida a todas las personas que desean participar en la ceremonia de entrega»
—¿Está satisfecha con la aceptación popular que tienen los actos culturales que organiza la Fundación en la Fábrica de La Vega?
—Más que satisfechos, estamos muy agradecidos por la respuesta de la ciudadanía. La única pequeña frustración que nos queda a toda la organización es que existe una mayor demanda para asistir a los actos de la Semana de los Premios que aforo disponible. Por eso, cada año recordamos a quienes logran obtener una entrada que, si cambian sus planes, nos lo comuniquen a tiempo. Así, otras personas podrán disfrutar de estas actividades.
—Se ha demostrado que tenía un gran potencial, pero cuando se haga la reforma, tal vez haya que buscar otros espacios. ¿Ya tienen pensado algo en este sentido?
—Nuestras ideas se nutren de los valiosos contenidos que cada año nos proporcionan los premiados a través de su propio ejemplo de vida y trayectoria. Eso es lo verdaderamente importante y muy singular. Así que, cuando llegue ese momento, estoy segura de que no nos faltarán opciones.
—Este año vuelve a haber una abrumadora mayoría de premiados extranjeros. Eso hace que los Premios sean, sin duda, más conocidos en el mundo. Sin embargo, ¿no cree que falta mucho talento por reconocer más cerca, dentro de nuestras fronteras?
—Los Premios tienen un alcance internacional, aunque hemos vivido años con numerosos galardonados españoles, un indicador que confirma el talento que hay en nuestro país. Conviene recordar que, para poder otorgar los Premios, primero debemos recibir propuestas en forma de candidaturas y, después, el jurado tiene que decidir, con la independencia y el rigor que lo caracterizan, a quién concede el premio. Pero el mundo es muy grande y esto se refleja en la procedencia geográfica de las candidaturas que recibimos. Seguramente, a veces el listado de candidatos de un premio hace difícil la elección. Revele un poco del backstage. ¿Hay consenso para que los jurados se pongan de acuerdo para conceder los galardones, o se producen discusiones intensas? No desvelo nada cuando digo que las discusiones de los jurados son muy intensas. Hay veces que el consenso se genera de forma rápida entre ellos. Pero, aunque la Fundación no participa ni en la deliberación ni en la votación, en muchísimas otras ocasiones hemos sido testigos de discusiones con argumentos sólidos de uno y otro lado, así como de votaciones reñidas hasta el final debido a la gran valía de los distintos candidatos.
—¿En qué forma están conectados los Premios con los conflictos y problemas internacionales? ¿Son sensibles a la situación de los Derechos Humanos?
—Los Premios han prestado desde sus inicios especial atención a los grandes conflictos y cuestiones internacionales y han mostrado una sensibilidad constante hacia los Derechos Humanos. Desde su primera edición en 1981 hasta hoy, han dibujado un mapa con los puntos críticos y los focos de interés de cada época: desde conflictos armados hasta desastres naturales sin precedentes, sin olvidar consensos históricos. Los Premios actúan como una llamada de atención sobre cuestiones que, en última instancia, nos afectan a todos.
—En ese contexto, ¿qué papel cree que los Premios pueden jugar en el reconocimiento de la igualdad de las mujeres, que en muchas partes del mundo, especialmente en los países pobres, está muy lejos de producirse?
—Nuestros galardones toman también la temperatura del estado del mundo. En este sentido, hemos ido percibiendo con alegría que el número de candidaturas de mujeres aumenta año tras año, y que lo que está en nuestras manos, la cifra de mujeres en los jurados, ha ido avanzando al mismo tiempo. Del mismo modo, los Premios funcionan como una plataforma que amplifica llamadas de atención que, en ocasiones, tardan en llegar a los lugares donde más falta hace. Un ejemplo elocuente es el discurso que pronunció Marjane Satrapi el año pasado en el Teatro Campoamor.
«La Fundación ha sabido adaptar su forma de trabajar y sus actividades a los cambios de la sociedad, siempre con una actitud abierta a la evolución»
—En unos pocos años, los Premios cumplirán medio siglo de historia. Son muchos años y el mundo ha cambiado rápidamente. ¿Cree que alguna vez se planteará cambiar la categoría o la dinámica de los Premios?
—Desde mi punto de vista, una de las mayores fortalezas de los Premios —si no la principal— es haber mantenido a lo largo de estas décadas un propósito definido: ofrecer referentes valores universales que nos sirvan de guía y ejemplo. Con esa misión como eje, el equipo de la Fundación ha sabido adaptar su forma de trabajar y sus actividades a los cambios de la sociedad, siempre con una actitud abierta a la evolución.
—¿Hay algo que le desvele cada año respecto a la organización de los Premios?
—No son muchos los asuntos que me quitan el sueño. Sin embargo, si pudiera cambiar algo, sería la posibilidad de dar cabida a todas las personas que desean participar en la ceremonia de entrega. Las 1.300 butacas del Teatro Campoamor representan, por desgracia, un límite insalvable y ese interés se ha ido extendiendo al resto de actividades institucionales y culturales que programamos.
—¿Cómo van las cuentas? ¿Hace falta más financiación, todavía es posible crecer, se ha llegado al límite…?
—Gracias a la generosidad y el apoyo constante de nuestros patronos, contamos en estos momentos con una situación financiera equilibrada, acompañada de una gestión extremadamente cuidadosa, eficiente y responsable de los recursos que manejamos. Creo que todavía es posible crecer, pero como se ha hecho hasta ahora, con un rumbo claro, entendiendo el para qué y el porqué.
—¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los estudiantes asturianos, que podrían ser los futuros premiados (y a todos los estudiantes en el mundo) sobre los valores de los Premios?
—Afortunadamente, son muchos los jóvenes que siguen de cerca la labor de la Fundación y que quieren asistir a la ceremonia, que participan en nuestro programa educativo «Toma la palabra» o acuden a las actividades de la Semana de los Premios. Ellos comprenden, quizá mejor que nadie, el valor que aportan los premiados a la sociedad y admiran el ejemplo que les ofrecen. Yo espero que, como nos trasmiten en repetidas ocasiones, les sirvan como referentes no solo como orientación en su futuro profesional, sino también en sus propias vidas y en su compromiso cívico con los demás.