Jugando en los campos del Señor

RUSIA 2018

YURI KADOBNOV | AFP

Esta cita en Rusia 2018 presenta de partida un equilibrado pulso de poderes: el VAR frente a Putin. Es el primer Mundial en el cual se incorporan ambos elementos, a la par en la frialdad y en lo implacable de sus decisiones. Sobre el VAR ya todo está dicho. Sobre la eslava diplomacia de dribling de acero del ex jefe de la KGB queda mucho por escribir. A partir de mañana, 32 selecciones se verán jugando en los campos del Señor. Desde el Luzhniki en la curva del Moscova al Fihst Sochi, otrora playa de la nomenclatura internacionalista, todos los céspedes son propiedad de Putin y su oligarquía. La España de Lopetegui no para de admirarse del lujo de su hospedaje en Krasnodar. Como si fuese el Gran Metro de Moscú. Pero, ¿quién creen que paga la fiesta? El Padrecito Vladimir y sus señores de la paz, en la era de la postverdad. Por eso, yo no me fiaría a ciegas de este VAR. Si en Estados Unidos, uno de los grandes ausentes -imaginen a Trump hooliganizando la tribuna a lo Agárrate como puedas; y prohibiendo bailar La Macarena, por ser canción inmigrante- dice el FBI que Rusia hackeó las elecciones presidenciales, qué no podrá hacer Putin con un VAR cualquiera y un delantero muslim del Al Ahli. Aunque este futbol ruso autárquico vaya a dar menos juego que aquella España-82 del tristón bigote de Satrústegui.

Yo nunca dejaré de lamentarme de que este sea el primer Mundial telematizado pero sin Italia. El agonismo italiano del futbol entendido como la guerra por otros medios: Gentile secando a Maradona . «El futbol no es para bailarines», zanjó. Tassoti deshuesando a Luis Enrique. Y Materazzi. Italia es la única selección a la que habría que dar carta blanca vitalicia en el Mundial. Todavía confío en que el buen rollo de Putin con los colegas de la Liga de Salvini obren el milagro. Que una gripe de laboratorio invada la concentración sueca. Y que el día 18, en Nihzni-Novgorod, Bonucci, Chiellini e tutti quanti salten a cocear a Corea del Sur. Ánimo, Padrecito.