Después del ruido, pasen la pelota a la camiseta roja más cercana

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Cuando Luis Aragonés todavía daba sus primeras patadas a la pelota antes de llegar al Atlético y a Vicente del Bosque aún no le había salido el bigote, Bil Shankly salpicaba la construcción de su maravilloso Liverpool con unas cuantas verdades. «Pásale la pelota a la camiseta roja que tengas más cerca», espetó un día el mánager de los reds. Con esa idea simple y genial, la de asociarse alrededor del balón, la medida de todas las cosas, se reescribió casi medio siglo después la historia de la selección española.

El fútbol es hoy también una ciencia. En la que el entrenador y el análisis de todo su equipo de colaboradores tienen una importancia incuestionable. Así que el relevo al que se vio abocado el banquillo de España 48 horas antes del debut tras la traición de Lopetegui debilita a la selección. Está por ver en qué medida, aunque nadie puede dudar de que la selección es ahora un equipo más vulnerable que al día siguiente de su 6-1 sobre Argentina, por elegir una referencia extrema. Pero cuando uno cuenta con futbolistas especiales, tipos como Iniesta, Thiago, Silva, Asensio o Aspas, las cosas a veces salen solas. ¿Qué resulta más valioso para Argentina, la inspiración de Messi o el orden que pueda poner en la pizarra Sampaoli? ¿Qué es más decisivo, una carrera de Cristiano o el big data del equipo de análisis de Portugal?

La parte imprevisible del fútbol es al mismo tiempo la que lo convierte en un espectáculo tan atractivo. Así que en un torneo corto como el Mundial, con siete partidos en 30 días, la inspiración del momento lo tapa todo. A Shankly no le gustaba entrenar. Entre partido y partido, Hierro tampoco podrá hacerlo demasiado. Si mantiene la cohesión del vestuario y el estreno ante Portugal le da un empujón, España aspira a todo. Pese al sainete de los despachos de los últimos días.

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