Dudas y certezas para el estreno

La selección se recompuso del terremoto del banquillo y de un inicio adverso, pero es tierna y ahora tiene un problema en la portería

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Ya ha pasado en varios Mundiales. España empieza con medio gatillazo. Si cabía la duda de hasta qué punto el terremoto del abrupto cambio de entrenador podía afectar al grupo, el interrogante queda resuelto. La fortaleza anímica del grupo no parece un problema. La selección se repuso del penaltito que aprovechó Cristiano cuando Nacho todavía se enteraba de que el Mundial ya había empezado. También se levantó cuando las manos blandas de David De Gea regalaron un gol que jamás tuvo que entrar por culpa de su exceso de confianza. Ese cuajo para regresar al partido después de dos bofetadas concretas anima a pensar en que Fernando Hierro puede dar forma a un grupo que compita. Luego, todas las virtudes que se le presuponen desde hace diez años a la selección quedaron confirmadas en Sochi. Tiene talento para adueñarse de los partidos a través del control del balón y un juego de pases que termina hipnotizando al rival. Cuando domó su ansiedad y se agarró a esa idea, consiguió ir desnundando la bien arropada selección de Portugal. Nada que objetar a la forma como Hierro gestiona la herencia recibida, salvo matices discutibles y legítimos. Como reforzar el mediocampo con un centrocampista de equilibrio como Koke en lugar de Thiago (enfrente estaba la campeona de Europa), preferir el poderío físico de Costa a la fantasía de Aspas o apostar por un lateral suplente en su equipo para cubrir una necesidad concreta en el carril derecho.

Pero el estreno ante Portugal también deja varias dudas. Empiezan en la portería. ¿Qué le pasa a De Gea, que en apenas diez días volvió a cantar igual que en el amistoso contra Suiza? ¿Por qué el chaval por el que se peleó media Europa parece ahora un jugador mediocre y timorato? ¿Cabe la opción de buscar un relevo?

A España, además, le falta ajustarse cuando el rival juega en largo y al contragolpe. Y también evitar situaciones delicadas en el área propia y sus alrededores. Como en el penalti. Como en la falta que propició el 3-3.

Supera un estreno envenenado la selección descabezada hace solo dos días. Y solo un desastre le impedirá estar en octavos.

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