Cristiano, el porfiador del gol

El portugués llevaba tres tantos en tres mundiales y ha sumado otros tres en noventa minutos

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redacción / la voz

Cristiano Ronaldo no tiene el talento natural que lo convierta en un jugador distinto, capaz de hacer cosas diferentes. Pero dispone de todo lo demás, empezando por una ambición y una confianza desmedidas. Y acaba contagiando a quienes lo rodean.

En la primera parte se sacó dos goles de la nada. En el primero buscó el penalti. En el segundo se vio favorecido por el grave error de De Gea, que se comió un balón fácil. Pero en ambas ocasiones el siete tiró de su fútbol afilado, de su querencia por buscar siempre el camino más recto hacia la portería. Marca porque porfía.

También vio claro, al igual que Portugal, que el talón de Aquiles de España estaba en el repliegue, porque dejaba espacios y tardaba en reordenarse. Por eso bajó a buscar balones, para sacar provecho de su velocidad o descargar al primer toque, para llegar lo antes posible al área de De Gea. En una de esas le dejó un balón de oro a Guedes, que estuvo lento en la resolución. Antes del descanso convirtió en gol dos acciones sin aparente peligro, por oficio y por instinto.

Segunda parte

Tras el paso por los vestuarios perdió algo de punch, a la par que España se hizo con la posesión y con el control del partido. Después del 3-2 (y le tomo prestado el juego de palabras a Miguel Álvarez) se vio sobre el césped a Crispado Ronaldo, con ese perfil arisco que le asoma cuando las cosas no salen como él quiere o como a él le gustaría.

Pero incluso así no se va del partido. Con él sobre el césped siempre hay amenaza de gol. Lo busca incansablemente. Y, como sucediese con el penalti, pero esta vez unos metros fuera del área, lo que forzó fue una falta. Sacó el tiralíneas y puso el balón en la escuadra, ante la mirada de un De Gea que poco podía hacer y que tampoco lo intentó.

Lo que no es habitual en Cristiano Ronaldo es que diese por bueno el empate. Perdió tiempo con el cronómetro ya por encima del minuto noventa y celebró las tablas, cuando el árbitro pitó el final, como si hubiese sido una victoria. Por otra parte, empezó con un hat trick, se llevó todos los honores y en la pasarela siempre se siente a gusto como actor principal. Sabía que los titulares iban a ser para él y, a diferencia de lo que sucedió en la final de Kiev, por su buena actuación, no por sus manifestaciones a la conclusión de la contienda. Ya estará pensando en la siguiente cita, contra Marruecos el miércoles.

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