Cristiano, en el sofá


Hay una fotografía icónica de Lance Armstrong, durante aquellos días en que el ídolo ciclista se convirtió en el ángel caído tras conocerse que los pilares de sus éxitos se levantaban sobre un cóctel de dopaje y trampas, en la que el tejano se arrellana en el sofá de su salón apenas iluminado por los cuadros que guardan sus siete jerséis amarillos del Tour. Supongo a Cristiano en una actitud similar ahora, después de abrir el Mundial con tres goles a España, y mientras sigue sin resolverse su penúltimo berrinche por la negativa del Madrid a subirle el sueldo a la altura de Messi. En un vídeo subido recientemente a sus redes sociales, el portugués reconoce que antes de lanzar una falta su subconsciente se dirige a la pelota y le pide que vaya directa a la red. Pero es una historia de dibujos animados. No se engañen: los únicos balones con los que habla Cristiano son de oro.

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