Todos quieren ser Italia


Italia no venía a este Mundial. Físicamente. Pero el fútbol se ha vengado repartiendo Italias por casi todos los grupos.

Selecciones favoritas con brillo a las que Rusia va revelando en papel mate. Ilustres agonistas salpicados de fantasistas. Equipos sufrientes en la fase de grupos a los que les apetece mirarse en el equipo italiano. Estas cosas (ganar en el tiempo de descuento ante un rival inferior, vencer con un gol de rebote, dar la gracias por un empate gris...) también le pasaron a la azzurra mientras iba tropezando hacia finales y títulos, cabalgando unas veces sobre su garra y otras sobre la fortuna. Más de uno menciona a los campeones del Mundial de España. Aquel equipo es una referencia hasta para la propia Italia. Cuentan que, antes del Mundial del 2006, en la entrada del cuartel general de los azzurri, situado cerca de Florencia, colgaron un cartel gigante con el combinado italiano que ganó la Copa del Mundo del 82. Es lo primero que se ve al ingresar en el centro de entrenamiento de la selección italiana en Coverciano. Pero ni siquiera Italia es infalible. Allí todavía escuece el biscotto de la Eurocopa del 2004. Suecia y Dinamarca firmaron un conveniente empate que clasificaba a los dos conjuntos y dejaba fuera a los italianos. La amenaza del biscotto rondó ayer a Alemania. Un empate hubiera dejado a mexicanos y suecos con posibilidades de entenderse con una igualada en la última jornada de grupo F. Espantaron ese fantasma en el último instante. Precisamente en el 82, germanos y austríacos firmaron un tongo en El Molinón, sellaron el 1-0 necesario para conseguir el pase a dúo sin importarles que en la maniobra quedara apeada Argelia. Cuentan que hubo narradores de Alemania y Austria que invitaron a los oyentes y espectadores a apagar sus radios y televisores para que no tuvieran que soportar aquel bochorno.

Todos quieren ser Italia. Argentina, España, Brasil, Alemania... Pero es complicado que haya milagros disponibles para tantos. Al fin y al cabo todos somos carne humana. Gloriosa y mortal.

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