La selección se consuela con la tecnología

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La selección tiene varios problemas que no desaparecen por mucho que se consuele de VAR en VAR, contra Irán o contra Marruecos. En su desembarco en el banquillo, Hierro ha elegido jugar el papel de reina madre. Interviene tan poco que casi parece que no hay entrenador a los mandos de la nave. Ni en las alineaciones, ni en la estrategia, ni en los cambios que parecen llegar tarde y como quien los ejecuta por obligación. Todo lo que decide ese cuerpo técnico hablador y permanentemente conectado con no se sabe bien dónde parece un dejarse ir. Mueve sus piezas al margen de lo que sucede en el campo, de la forma de cada jugador, del cambio que pide a gritos alguno de sus titulares. Se ha entregado a muchos futbolistas con bulo papal. Quizá por eso en el campo algunos se mueven con una suficiencia suicida. Solo así, con despistes de torneo de verano, con distracciones en un saque de banda como la que regaló Piqué, le puede complicar la vida Marruecos. El Ramos arrollador para ir de cabeza con el Madrid se volvió manso en el 1-2. De Gea transmite ahora dudas porque parece estar de vuelta de todo. Y no son los únicos. No faltaron actitud ni piernas, sino cabeza para haber sentenciado antes un partido en el que un rival de segunda fila no se jugaba nada pero compitió con la dignidad de una campeona del mundo.

La ausencia de un entrenador con personalidad explica que España se pueda permitir prescindir de Iago Aspas hasta los 20 últimos minutos. ¿Qué pecado habrá cometido para no ser indiscutible cuando todo lo que toca con la selección lo transforma en oro? La genialidad con la que el futbolista gallego clasifica a España, otra vez con el suspense del VAR, como ante Irán, enfrenta ahora a Hierro a la evidencia de que le necesita.

Consumida una liguilla en su conjunto discreta, España tiene un cuadro fácil, margen para reponerse y talento para ganarlo todo. Pero solo si ejecuta decisiones valientes desde el banquillo y se aparca el exceso de confianza en el campo.

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