Las tarjetas amarillas son para jugar al mus

José Luis Losa
José Luis Losa ESPERANDO A MATERAZZI

RUSIA 2018

Esteban Biba

Confieso que las maneras de entender el fútbol de los países del sudeste asiático me generan un rechazo telúrico. No, no tiene nada que ver con Al Ghandour ni con los datos que publicó Corriere dello Sport sobre cómo la FIFA habría amañado el paso de Corea en el 2002 a semifinales en perjuicio de Italia y España. Es otra cosa. Alguien que salta al terreno con la idea fija de que lo que le va en la partida es la exención del servicio militar necesariamente va a transmitir a su juego una impronta novio de la muerte. Pasa el hombre pero no su pierna. Los coreanos -ya está dicho- atravesaron este Mundial como doce del patíbulo. En su partido con México conté hasta catorce faltas antes de que el árbitro serbio se dignase a mostrarles una tarjeta amarilla. En sus tres partidos, los coreanos sumaron 49 faltas. El top leñero de esta primera fase.

Japón aplicó a Senegal el mismo trato. Pero el árbitro italiano Rocchi indultaba sus entradas reiterativas a los senegaleses. Y -atención- cuando ya el 2-2 parecía definitivo y ambas selecciones igualaban a puntos y a diferencia de goles, Rocchi cargó a los senegaleses con dos tarjetas consecutivas, una en el 90 y la otra en el 94. Ahora nos dicen que Japón, que no ha propuesto futbolísticamente nada, ha dejado fuera a Senegal y pasa a octavos ¡por su fair play! Justo esas dos tarjetas amarillas en el extra-time de Rocchi -que es ya el Al Ghandour de los senegaleses- suman la diferencia que incuba la primera gran injusticia de este Mundial.

Dado que la noble Bélgica finalmente desdijo a todas las casas de apuestas -que daban casi por hecho que los de Roberto Martínez firmarían el empate o la derrota ante Inglaterra para evitarse la senda tenebrosa hacia la final que pasa por Brasil, Argentina, Portugal y Uruguay-, ahora Japón se las verá con Mertens, Hazard y De Bruyne. Me encomiendo a que Lukaku les firme un hat trick a los japoneses. Y que Rocchi se entere de que las tarjetas amarillas con las que nos han privado -juego sucio- de Senegal no valen para jugar al mus.