A Messi por fin pudieron cantarle los brasileños el Bella Ciao, Ciao, Ciao. Pero el diez se despidió a la francesa. Solo y triste por la acera, corazón transido con tristeza de tapera. Argentina desencuadernó de nuevo su defensa -400 kilos en canal- para que la voraz Francia se diese una panzada. Lo mismo que había sucedido con Croacia, que se comió tres bifes. Y hasta Islandia y Nigeria se pudieron tomar un choripán. Extinta la retaguardia de la Argentina que solo cedió 4 goles en Brasil 2014, con Chiquito Romero, Zabaleta, Demichelis, Garay y Basanta, la defensa de Sampaoli encajó ahora 9 tantos en 4 encuentros. Los últimos días de Pompeya. Y, más allá, la inundación. Lo único engañoso del partido fue el resultado, ese 4-3 que no refleja la superioridad gala. Ni siquiera supieron los albicelestes puñetear con su aquilatada capacidad para gestionar la fortuna, el mar y el tiempo. Argentina se encontró -fruto de dos jugadas islote- por delante en el marcador a falta de media hora. Sin tocar a rebato, los franceses les pasaron por encima en 10 minutos. Y aún les sobró tiempo para jugar a la petanca. Mbappé tiene 19 años y su futuro pavimentado de oro lo simboliza esa carrera en la que dejó atrás a Rojo como si fuera un cabezudo de zarzuela. El hombre-orquesta de les bleus resultó Mbappé. El jugador para todas las estaciones de Argentina, Mascherano, no está ya ni para jubilarse en el futbol chino. Tal vez en la isla de Java. Muerde la bala Francia. Su arsenal nuclear, su disuasoria Forcé de frappe, debe de enorgullecer a De Gaulle en su tumba de Colombey-les.Deux-Eglises.
Ronaldo simultaneó su mutis con el de Messi. En su caso, con 33 años, se va por el sumidero de la historia mundialista. Es admirable la taciturna seguridad con la que Uruguay va despachando sus compromisos. Así superaba a la obtusa Portugal de Santos. Con un aplomo ante el cual se queda corto eso de ganar sin bajarse del autobús. Más bien se imponía sin salirse de la cama. A lo Onetti. Hasta que se rompió Cavani. Y a mí me dolió el sóleo como a media humanidad.
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