Brasil, insensible al México insurgente

RUSIA 2018

TATYANA ZENKOVICH | EFE

Aún regurgitaba el Zócalo a los últimos mareados por el movimiento tectónico de la historia de México. Los ecos de López Obrador anunciando el día más importante desde la Revolución que John Reed contó al mundo. Tengo serias dudas de que esto repercutiese en el ánimo de la Tri, a la que veo mucho más receptiva a las ondas acuáticas de una piscina de bacanal y sirenas de pago que al tsunami refundacional de la madrugada en la Plaza de las Tres Culturas. Pero tal vez el aleteo de la mariposa azteca transmitiera alguna sensación a los de Osorio, que salieron eléctricos ante Brasil. Fue una alucinación. Al cuarto de hora ya mandaba Willian sobre todas las cosas. Tite deja que su equipo madure los partidos. Y la maquinaria canarinha acaba por triturar al rival. Se desgalichaba México. Cuando Neymar cazó la primera, ya Brasil mandaba con aplastante aplomo. Posee un equilibrio entre líneas que empieza a apuntar al oro. Sin echar en falta a Marcelo, Casemiro y Paulinho conducen hacia Coutinho, que se dedica al fútbol. Y hacia Neymar, cada día más devorado por el personaje escénico/histérico: esa diva millennial pero deudora de las lágrimas de Almodóvar y de las heroínas dolorosas de culebrón de Globovisión que lleva dentro.

No tuvo Brasil atisbo de sensibilidad con el México insurgente neonato. Según pasaban los minutos ya solo se divertían -al estilo Tite: todo muy apolíneo, sin licencias churriguerescas- y pensaban más en ese duelo crucial con Bélgica, que ayer salvó el síndrome Godzilla porque tiene un entrenador. Brasil echaba el candado. Para entonces, los mexicanos hacían cada uno la guerra por su cuenta y en puritito desorden. Como el ejército de Pancho Villa.