Bartomeu, ¡dimite hoy!

RUSIA 2018

YURI CORTEZ | AFP

Dios se le apareció ayer a Colombia en Moscú. Bueno, para ser precisos, no había ido solo de visita. En realidad, vive allí, tiene la nacionalidad. Es un paisa. Porque dios es colombiano. El fantasma de la libertad de Freddy Rincón y su gol en el descuento a Alemania en el Mundial de Italia mantuvieron a Yerry Mina suspendido en el aire ese segundo necesario para que embocase el milagro. Justicia divina, a la sazón. A Colombia le había preparado la FIFA un árbitro norteamericano ¡ante Inglaterra! La amistad especial, ya saben. El señor de negro resultó un extraño agente como de la DEA. Un americano impasible de nombre Geiger: en efecto, se cuerpeaban en mutuos balanceos Kane y la Roca Sánchez y Geiger detectó en ese punto del área radiactividad máxima. Pulsó el botón nuclear y decretó penalti.

Cómo no implorar por esa Colombia con James fuera de combate, sin una sola figura de primer rango en su once. Lo más cercano a eso, el Cuadrado de la Juve. Y Falcao en modo náufrago. Pekerman ha sido capaz de ahormar un cuadro que mantiene estilo con una serie de jugadores que militan en el devaluado fútbol argentino de River y Boca, en el PSV, en el Girona, Levante, Espanyol o Villarreal. Las fichas de todos ellos no valdrían para pagar las hojas de afeitar de Kane. No me pidan que entienda por qué el dios colombiano hizo que fallara Bacca. Debe de ser algo de eso de escribir con renglones torcidos.

Ah. Yerry Mina. Y el Barça. Creo que Bartomeu, que quería saldarlo, el mismo que ha fichado a Dembelé -como hemos denotado, estrella del Mundial- y que se ha dejado que le cuelgue un monigote el filmaker Griezmann debería dimitir esta noche.

Algo positivo para extraer del triste pase de Inglaterra. Tengo amigos que llevan medio siglo confiando en que su anglofilia incurable se reivindique en el césped. Y ahí los presentí, una vez más dolientes, en su espléndido aislamiento. Teniendo que reconfortarles porque que quizás sus hijos -más probable sus nietos- iban a ver a Inglaterra levantar algo en un futuro no predecible.