Doce centímetros


Doce centímetros. Frena, levanta la cabeza, pisa el balón. Exterior. Once, diez, nueve... Uno. Interior. Se va.

Hay fútbol hasta que acaba la línea de cal; doce centímetros que separan el dentro y fuera sobre los que ha hecho carrera Iniesta mientras se iba yendo de todo. Del Barça, desde un partido contra el Brujas en octubre del 2002. De España, desde uno en Albacete, cerca de casa, en mayo del 2006. Contra Rusia; con Aragonés. Diez días después de levantar la primera Champions en París. Segunda en Roma, como campeón de Europa; tercera, en Londres, estrenando estrella mundial; cuarta, en Berlín de retirada; él y la selección.

Quince años yéndose sobre la línea y le ha salido fatal el adiós. Del Barça, sin Champions en Roma, donde la primera. De España, sin Mundial en Rusia, contra quien todo empezó. Y otra vez contra Rusia, junto a Hierro y no con Aragonés. De principio a fin de ciclo. De la gloria de Johannesburgo a la miseria de Moscú. Enviado al césped por un director deportivo a dilapidar la gloria de una prórroga en octavos, a falta de una final. Quemado en un torneo gris. La madera de artista arde mal.

Para Isco, el último pase, en el 119. Tiempo de señalar sucesor, tres minutos tarde ya para un gol.

Queda Japón, que tuvo el detalle de irse también. Y de limpiar el vestuario y dar las gracias. Todo detalles, Japón. Y Andrés. Como en el gol siete de trece. En el partido 48 de 136. Para Jarque. Cómo lo sabía, Andrés. Cuándo iba a marcar y para quién. El último, testimonial. De penalti, a Akinfeev, que estaba aquel día, en Albacete, cerca de casa. 135 partidos antes. Cuando se empezaba a ir.

Ya sobre la línea. Doce centímetros. Interior. Once, diez, nueve... Uno. Exterior. Se fue.

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