Maradona y las carreras de camellos

José Luis Losa
José Luis Losa ESPERANDO A MATERAZZI

RUSIA 2018

Matthew Childs

Hay montada la mundial porque Telecinco aplazó el martes la emisión del penúltimo capítulo de una de sus infames series de ficción españolas llamada La Verdad. El motivo, la prolongación del Colombia-Inglaterra hasta los penaltis. O sea, que si la FIFA no hubiese designado con alevosía al norteamericano Geiger para arbitrar el encuentro, no se habría pitado el inexistente penal a Harry Kane y Colombia sería equipo de cuartos en el tiempo reglamentario con el gol agonista de Yerry Mina. Esto es, la verdad deportiva se habría impuesto en el campo y los seguidores de esa serie de mentira que protagonizan modelos de pasarela no serían víctimas colaterales de la falsedad aparejada a la extraña nominación de Infantino y Collina. Viva Colombia, pues.

Yo eché mucho en falta otra retransmisión en la noche loca del martes en Tele 5. ¿Por qué no pasaron el VAR en la jugada del penalti a Kane? ¿No es extraño que desde esa habitación oscura nadie le indicase al agente especial Geiger que se había equivocado? Maradona tiene claro que Geiger, lejos de equivocarse, estaba allí para eso. Lo dice en Tele Sur, que es la primera tertulia desde el más allá. Es la televisión psicofonía, con Víctor Hugo Morales invocando, servil, al fantasma de los mundiales pasados. Que habla de cosas tan variopintas como lo gentil que fue Gadafi cuando lo invitó a la boda de su hijo, donde presenció una carrera de camellos en el desierto. Maradona tiene camellos hasta en el Kalahari.

Las carreras de camellos son el deporte de los jeques. El futbol del siglo XXI, también. El Mundial, a estas alturas, es esa carrera de camellos en el desierto en la cual al uruguayo le han extirpado una de sus dos jorobas llamada Cavani y aún así será canchero. El camello brasileño se va a la arena en cuanto una hormiga belga lo zancadillea. El francés alcanza los 65 km/hora en el sprint final y tiene solo 19 años. Y el inglés dice que desde el brexit se ha vuelto dromedario, mientras Geiger lo dopa inyectándole radioactividad en su única giba. Que se llama, claro, Harry Kane.