Neymar defiende su candidatura

Como Pelé o Ronaldo, es un jugador de calle, y le falta liderar una gran conquista para hacer cima


Neymar es un jugador de calle, de origen humilde, que encontró en el balón el vehículo para salir de la pobreza, hasta convertirse en un referente en sus equipos y en la selección, como sus compatriotas Pelé, que empezó a darle patadas al balón de niño al tiempo que se ganaba un dinerillo como limpiabotas, o Ronaldo Nazario da Lima, que con apenas once años tuvo que dejar la escuela y que vio en los campeonatos populares una vía para conseguir algo de parné. Como ellos, es un jugador distinto. Solo le falta hacer cima.

Neymar está ante la gran oportunidad de dar el paso al frente que le falta en su carrera, el de liderar un gran título. Eligió el Barça para su desembarco en Europa y en el Camp Nou dejó muestras abundantes de su caudalosa clase. Pero allí el que más brilla es Messi. El argentino asombra, en la doble acepción de la palabra, toda vez que causa admiración con su fútbol y, a la vez, hace sombra a su alrededor.

El brasileño cambió la ciudad condal por la luz de París, para ganar más dinero y abanderar un proyecto megalómano. No le fue bien en la Champions.

Oportunidad de reivindicarse

Rusia le abre de nuevo la oportunidad de reivindicarse y erigirse en uno de los nombres propios que pasan a la historia por sus conquistas. Una lesión se lo impidió hace cuatro años, en su país natal. Tuvo que decir adiós prematuramente al Mundial, cuando Scolari le había dado todos los galones. Lo mismo que ahora Tite. Está rodeado de escoltas dispuestos a sacrificarse y de compañeros en vanguardia que le ofrecen alternativas.

Neymar es uno de los jugadores más irreverentes con el balón en los pies. Esa rebeldía, que más de uno identifica con provocación, lo convierte en un futbolista imprevisible, de los que pueden decantar un partido en una galopada, con un regate en veinte centímetros cuadrados o un pase. Porque reúne las dos cualidades que lo convierten en doblemente peligroso: tanto puede decidir en una acción individual como servir el gol hecho a algún compañero.

Es también uno de los jugadores que más faltas recibe. A menudo, muy duras. Otras veces, no tanto, aunque exagere las consecuencias. El VAR ya lo dejó en evidencia en el duelo con Costa Rica. Y en el uso de la palabra no suele estar tan fino como con el manejo del balón. Pero, con sus virtudes y sus defectos, todos saben que es el jugador más peligroso de Brasil. Empezando por sus compañeros.

Neymar lleva una línea ascendente en Rusia. La lesión que le hizo perderse la recta final de la temporada le ha valido para llegar al Mundial con menos kilómetros en su musculatura, aunque sin ese punto competitivo que ha ido ganando con el avance del campeonato.

Bélgica es un mal enemigo, un equipo que defiende con orden y que ataca con criterio. Pero, como demostró Japón, también es un colectivo que deja espacios. Por ahí intentará colarse Neymar, para seguir avanzando en el camino que lo corone entre los más grandes de la historia.

Tiene 26 años, una edad ideal para cualquier futbolista. Le avalan 57 goles en 89 partidos con su selección. Ha disputado completos los cuatro choques de Brasil en Rusia, en los que ha sido objeto de falta 23 veces (casi seis por encuentro), ha firmado dos tantos y ha participado en 24 jugadas contabilizadas como ocasiones de gol.

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