Una de las naturalezas obvias de esa vida paralela llamada Mundial es la del desarrollo del poliamor. Los amateurs de esta pasión ciega son los que creen que, una vez eliminado el cuadro de tu país, la fiesta terminó. No comprenden nada. Un Mundial es como La ronda de Arthur Schnitzler. O al menos como su Relato soñado. En esos veranos de lujurias y camas de yerba vas derivando con impudicia tu objeto del deseo, hasta que cae en el combate. O aun por gozosa concupiscencia de Don Carnal.
En el curso del tiempo, España, en sus carencias históricas, ha sido muy consentidora y nos ha permitido vivir pasiones de hot wife o de unicornio. La educación sentimental de este cronista coincidió con el sexenio negro del tardofranquismo, cuando Iribar, Amancio y Gárate no fueron capaces de sacar billete ni para México 70 ni para Alemania 74. Fui uno de los doscientos millones de amantes que tuvo el Brasil de Pelé y Tostao. Ah, pero cuando Pelé nos dejó para venderse al Cosmos y a Henry Kissinger y lo que quedó fueron Rivelino y Jairzinho ya algo vistos, fuimos en masa a colgarnos de Cruyff, Rensenbrink y Johnny Rep. En Argentina 78 prolongamos el amor holandés, ya sin Johan.
Nadie, en plena primavera de lo que ahora los nuevos bárbaros llaman régimen del 78 y en realidad fue una bacanal, quería ir a dormir con España a la sombría quinta de La Martona, donde José María García nos contaba que no había calefacción ni agua caliente. Cuando el Mundial llegó a nuestro nido fuimos el cuco sumamente infiel, de flirt en flirt, de Maradona a Sócrates, de Giresse a Antognoni. Hasta fuimos finalmente gerontófilos con Sandro Pertini. Y ya basta de revelar promiscuidades. Dejemos lo que resta para una segunda parte de nuestras memorias, como hizo Espartaco Santoni. No niego nada. ¿Y qué querían? La opción judeocristiana de vida hubiera pasado por una convivencia conyugal con la dentadura de Asensi, las calzas de Rubén Cano, el bigote muy mentado de Satrústegui, el verbo de Poli Rincón o las axilas de Camacho. Y eso -más que amor- habría sido parafilia.
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