Final del Mundial de Rusia: Francia-Croacia, por la fuerza o la razón

Francia y Croacia enfrentan dos estilos opuestos en una atractiva final con invitado sorpresa

La gran final de la Copa del Mundo entre Francia y Croacia
La gran final de la Copa del Mundo entre Francia y Croacia

Deschamps abrió el abanico, enorme, y eligió a Kante, Pogba y Matuidi. Potencia, músculo, sacrificio. Levantó a Francia alrededor. Añadió más músculo a la espalda, protegiendo a Lloris, y músculo también en punta, rodeando a Griezmann. Alistó un equipo apto para cualquier disciplina y lo llevó a la final de un Mundial de fútbol por el camino difícil, sin titubear. Resolvió el trámite de la fase de grupos en modo calentamiento para después destrozar a Argentina, imponerse en cuartos a un replicante sin la dosis de talento precisa (Uruguay), y resistir a la selección con más gol del torneo (Bélgica) sin encajar. Han pasado por todo los elegidos por Deschamps, viajando de Kazán a Moscú.

El camino Croata empezó en Kaliningrado y ha discurrido mucho más largo, aunque no tan ameno. Fase de grupos vistosa y después el fango de la espesa Dinamarca y el atrincherado anfitrión. Y una semifinal llena de erratas, solo comparable al Francia-Bélgica en cuanto emoción. A 120 minutos por cruce. Noventa más en el total que su rival de hoy. Todos superados con un doble motor. Cuando Dalic abrió su abanico, discreto, optó por Brozovic. No precisó elegir más. El talento de Rakitic y Modric podría haber acercado al estadio Luzhniki a cualquiera de los equipos citados en Rusia.

Han llevado a uno de extremos veloces y técnicos, de centrales pesados, de delantero infatigable. Nadie a quienes la mayoría de favoritas eliminadas cobijaría en su once inicial. Desde luego, no la Francia de Deschamps. El duelo es desigual en recursos y propuesta, y participa un contendiente que estaría en clara ventaja si el fútbol se decidiera de verdad solo en las áreas y no existiera la medular. Ahí donde la selección veterana ha impuesto más claramente su físico, el conjunto novato (por historia y finales) domina por inteligencia y rigor. Los balcánicos han sabido sufrir sin desordenarse porque sus hombres clave, ambos con decenas de partidos de club en las piernas, no han levantado nunca el pie.

La segunda estrella sobre el escudo galo se apoya también en ese detalle: el desgaste de los pilares croatas, la exigencia física y anímica de un torneo en el que, alcanzada la ronda eliminatoria, Francia ha ido casi siempre por delante y Croacia casi siempre por detrás. Si quieren que haya partido, los de Dalic van a necesitar enchufarse de inmediato a él, sin el tiempo que les tomó frente a Dinamarca (encajaron en el minuto 1) o Inglaterra (recibieron gol en el 5), sin conceder terreno a las carreras de Mbappe. Excepto en el día tonto de Argentina, la favorita ha vencido sus duelos cerrando el paso hacia Lloris, poco interesada en los guarismos de posesión. No ha ido Deschamps a Rusia a marcar tendencia, ha juntado a unos deportistas soberbios y se los ha llevado a ganar un Mundial. Uno que no será memorable por su espectáculo, que trascenderá si acaso por su igualdad.

Quedarán algunos encuentros entretenidos, casi todos con presencia belga, y quizá, con suerte, una final. Hoy habrá campeón por cuatro años, cinco meses y tres días, hasta el relevo o confirmación en Catar. Italia, con doblete y guerra mundial por medio, ya ostentó título por más tiempo. También el Brasil de Didí, Pele, Garrincha y Vavá. Rusia todavía busca grupo de futbolistas para recordar.

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