Hugo Lloris, las paradas decisivas del meta que rescató Pochettino

El capitán de Francia, superviviente de la debacle del 2010, no ha tenido mucho trabajo, pero su papel resultó clave para llegar a la final


En Rusia para poco, pero es decisivo. Once paradas con un ratio de acierto del 73,3 % acompañan a Hugo Lloris (Niza, 1986), pero todo el planeta fútbol conoce las dos últimas, tan inverosímiles como decisivas. La primera a Martín Cáceres para reducir a cenizas el intento de reacción de Uruguay en el partido de cuartos. La última, a Toby Alderweireld en semifinales cuando Bélgica mandaba en un partido entonces sin goles. La del central, incluso tapado. Pura intuición.

Lloris es, con Mandanda, el segundo portero, el único superviviente del desastre y la rebelión de Sudáfrica 2010. Aquel vergonzoso Mundial le dejó tocado y aunque pasó del Lyon al Tottenham, en Londres tampoco era feliz. Le confesó a Pochettino que le faltaban títulos y el argentino, que hizo larga carrera en el Espanyol, ejerció de psicólogo y de entrenador. El propio Hugo ?nieto de emigrantes catalanes? admitió que una conversación con Mauricio le cambió la vida. Con él recuperó el gusto por el fútbol y con Toni Jiménez, el preparador de porteros de los Spurs, acabó de redondearse como guardameta.

Tres años de continuidad en el arco del conjunto londinense le han colocado en su mejor momento en Rusia. Convertido el líder del equipo y en la prolongación de Deschamps en el campo hasta el punto de comparecer con el seleccionador en todas las previas de partido, aunque como contrapunto en el vestuario le tachan de líder silencioso. De pocas palabras, las justas y en el momento apropiado.

Y con una confianza a prueba de finales. Porque los detractores del Lloris siempre utilizaron su irregularidad para poner en duda su papel y su jerarquía, una cuestión que en Rusia queda reducido a la nada. Ni una sola actuación cuestionable. Todo paradas decisivas pese a ejercer de espectador la mayor parte del tiempo. Lleva dos partidos con la portería a cero. Un tercero casi seguro que le llevaría a levantar la copa.

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