Campeón por solvencia y fortuna


Francia es justo campeón, por trayectoria durante el torneo y por lo sucedido durante el encuentro. Todo se desarrolló fiel a lo previsto, respetando las características de los dos equipos. Croacia tuvo que asumir el riesgo y Francia explotó su capacidad defensiva y la potencia de los delanteros. Croacia juega porque sus futbolistas determinantes están en el centro del campo, y Francia gana porque sus futbolistas de mayor nivel son los que están cerca del área contraria.

Sorprendió además la falta de previsión de los croatas ante las acciones a balón parado del rival. Un tipo de jugada que ya había pasado factura a los de Dalic durante el Mundial y a la que los de Deschamps habían sacado mucho rendimiento.

El factor suerte tuvo obviamente su impacto. Aunque es cierto que el resultado responde a los méritos de uno y otro, lo es también que los dos primeros goles vienen de jugadas polémicas y difíciles de resolver incluso con la ayuda del VAR. Además de solvencia, ganar un torneo como este requiere esa pizca de fortuna.

Fue un encuentro agradecido para el espectador hasta el tercer gol francés, que empezó a definir el resultado. Solo la frivolité de Lloris dio emoción a los últimos minutos y mantuvo la ilusión de quienes esperaban la sorpresa del equipo menor. Ganó la razón.

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