«Guapura», de Daniel García Granda, un dique «contra estos tiempos tan hoscos que estamos viviendo»

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

SIERO

Daniel García Granda
Daniel García Granda

El profesor, traductor y poeta de Pola de Siero acaba de publicar el poemario con el que ganó el Premiu Teodoro Cuesta, el más prestigioso de la poesía en asturiano

08 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Para Daniel García Granda (la Pola Siero, 1972), ganar el Premiu Teodoro Cuesta ha sido una gran alegría por partida doble. En primer lugar, porque es, sin duda, el más prestigioso de la poesía asturiana, y gracias al poemario «Guapura» que le ha valido el galardón, su nombre figura ya junto al de grandes de la literatura en asturiano como Berta Piñán, Lourdes Fernández, Xuan Bello o Pablo Antón Marín Estrada. La segunda razón es el vínculo que el autor tiene con Mieres, el municipio que otorga el premio. Desde hace trece años, es profesor de inglés en el instituto Bernaldo de Quirós.

Ya en el propio título, «Guapura», el poemario, que acaba de ver la luz publicado por ediciones Trabe, quiere ser un cambio de registro respecto a su obra anterior, y también respecto al tono preponderante de la poesía en asturiano: «quería algo alegre, guapo, vistoso, lejos de la «murnia» y la «señaldá» que tanto hay en la poesía». Aunque confiesa que no siempre lo consigue, porque la melancolía acaba asomando siempre por algún resquicio, el libro quiere centrarse en la belleza, tener un tono optimista. Inspirado por el verso de John Keats «A thing of beauty is a joy forever», («una cosa bella es gozo para siempre»), García Granda se centra en «una conversación, una sensación, un paseo por el monte, cosas que son diques contra estos tiempos tan hoscos que estamos viviendo».

Y parece que su propuesta corre paralela a la de otros autores que, casi al mismo tiempo, han decidido centrarse en lo mismo que él. Rodrigo Cuevas titulaba su último álbum «Manual de belleza» mientras que otro músico asturiano, Alberto Sastre, coincidía con el poeta al ponerle a su disco «La guapura». El poeta sierense es consciente de que la poesía en asturiano bebe de las fuentes del arco atlántico, donde siempre parece asomar la melancolía. Son lugares en los que siempre se está hablando de cosas que se pierden, de lo último de algo: los últimos mineros, los últimos del campo, los últimos hablantes. Él se rebela, en cierto modo, contra esta tendencia, y busca la belleza, que para él es «el corazón del carpe diem».

Daniel García Granda juega siempre en sus textos con el difícil equilibrio entre la palabra asturiana de la calle y los términos que pueden sonar más asturianos pero que, en ocasiones, alejan el estilo de la música del habla. Para hacerlo, se toma su tiempo. Todos sus libros se cuecen a fuego lento. Tarda, más o menos, cinco años en publicarlos. En el caso del último, tenía un montón de poemas escritos desde hacía tiempo, que de vez en cuando revisaba y muchas veces corregía o reescribía, y se decidió a presentarlos al premio, para darles una salida que, de otra forma, quizá se hubiera demorado mucho más.

En este canto a la belleza hay poemas reflexivos, como «Ruipinos», que habla de unas hojas de haya en el fondo del remanso de un río, y también narrativos, como «La casa de Cohen n'Hydra», que cuenta la historia real de cuando se acercó con su mujer y su hija a buscar la casa del músico canadiense en la isla griega, sin mapas y sin la ayuda del móvil, solo preguntando. Junto al nombre de Leonard Cohen aparecen otros de poetas como Ana Blandiana, Louis Glück, John Berger y Joan Margarit, y de grupos musicales como Felpeyu, Tindersticks y Belle & Sebastian.

La literatura anglosajona está muy presente en su obra. No en vano ha traducido al asturiano algunas obras escritas en inglés. Quizá su trabajo más meritorio haya sido traducir al asturiano la novela «In Dubois Battle», de John Steinbeck. En este caso, el mérito es doble: por una parte, la propia calidad de su trabajo, que mereció en 2024 el Premio Florina Alías a la mejor traducción al asturiano, que pasó a llamarse «En llucha incierta». Por otro lado, la aparición del libro de Steinbeck en asturiano se adelantaba incluso a la de una lengua tan extendida como el castellano, en el que permanecía inédita.

Ya sea en sus propios versos, en las obras de literatura infantil o en las propias traducciones, lo que está por encima de todo es el amor por la lengua asturiana, por un idioma que en muchas partes parece ir a menos pero que en la literatura parece siempre recobrar vida. Él siempre tiene el oído atento para rescatar del olvido palabras, giros e ideas y convertirlos, una vez plasmados en papel, en formas de «guapura» que puedan permanecer.