La Unesco: arruinada y sin dirección

Tras la salida de EE. UU. e Israel, la institución afronta una nueva era

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París

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) está atravesando la peor crisis de su historia. El pasado 12 de octubre, Estados Unidos anunció su retirada de la institución, acusándola de haber tomado una dirección «anti-israelita». Pocas horas después, Israel también hizo pública su salida. Según Jerusalén, la Unesco se ha convertido en un «teatro del absurdo» y con las dos retiradas históricas se abre «nueva era en las Naciones Unidas, en la que cuando discriminas a Israel, tienes que pagar el precio».

Lo cierto es que la Unesco lleva desde el 2011 pagando su favoritismo por Palestina. Ese año, el consejo ejecutivo votó y aceptó incluir el Estado de Palestina como un miembro de pleno derecho, provocando la congelación inmediata de la financiación de Estados Unidos, que representaba un 22 % del presupuesto. Desde entonces, con una cartera anual de 326 millones de euros, la organización tiene problemas para financiar sus programas y mantener a sus dos mil empleados, la mitad de ellos en su sede en París. El duro golpe de la retirada de Estados Unidos e Israel llegó durante unas elecciones decisivas a la dirección. Aprovechando las dificultades económicas de la organización, Qatar presentó un candidato y promesas de solvencia que les situó favoritos, a riesgo de lapidar la reputación de la agencia, creada tras la II Guerra Mundial para promover la paz a través de la educación. En una votación apretada, la funcionaria francesa Audrey Azoulay, se alzó inesperadamente con la victoria pese a su escasa experiencia.

Pocos días antes de las elecciones, la ahora exdirectora general, Irina Bokova, daba una entrevista para Le Monde en la que lamentaba una crisis aún más profunda que la financiera. Con una misión que se extiende a la educación, la conservación de la cultura, la promoción de la ciencia y la defensa de las libertades, la Unesco ha perdido su dirección. «El campo es tan amplio que la gente aún me pregunta a menudo qué es lo que hacemos», lamentó tristemente Bokova. Entre su llegada, en 2009, y 2014, la organización adoptó 46 resoluciones criticando a Israel y comprometiendo su relación con Washington, que el pasado julio advirtió que revisaría sus vínculos con la organización después de que declarase la ciudad vieja de Hebrón, en zona ocupada, Área Protegida del Patrimonio Mundial. Su salida, junto a la de Israel, es un duro golpe a la credibilidad del organismo cultural, que debiera agrupar a todos los países reconocidos por las Naciones Unidas.

No obstante, con las llaves en las manos de la nueva directora general, la Unesco tiene la oportunidad de dar la vuelta a su situación. «¿Las cualidades de mi sucesor? Saber levantar fondos y ser un reconciliador», indicó Bokova a Le Monde. Azoulay, exministra de la Cultura de François Hollande, cumple con ambos requisitos. Durante su año a la cabeza de uno de los ministerios más desatendidos de Francia, la funcionaria de bajo perfil, entonces desconocida por el público francés, logró aumentar el presupuesto del ministerio hasta el 6,6%, el mayor de su historia. Los orígenes de la francesa de 45 años representan, a su manera, el diálogo entre las naciones del Mediterráneo: es hija del ahora fallecido asesor del rey Mohamed VI de Marruecos y su padre, Hassan II, y la primera judía a la cabeza de la organización. Aún así, su falta de experiencia diplomática deja la Unesco sumida en la incertidumbre.

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