De París a Tokio por el Polo Norte

Los pilotos sobrevuelan el Círculo Polar Ártico para ahorrar tiempo y combustible. Está tomando la ruta más corta para llegar al destino, pero no sobre un plano sino sobre una esfera

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REDACCIÓN / LA VOZ

Coger un vuelo de trece horas de duración puede convertirse en una clase práctica de Física. Uno aprende que si el avión se mueve hacia el este viajará siempre más rápido, pues el aparato se aprovecha de la corriente en chorro. También es posible experimentar en primera persona el significado de los husos horarios. Se pierdan horas cuando te desplazas hacia oriente, por donde nace el Sol, y las agujas corren a tu favor cuando el trayecto es a la inversa.

La increíble historia del planeta Vulcano La búsqueda durante décadas de un mundo desconocido en la órbita interior del Sistema Solar quedó resulta cuando se presentó al mundo la teoría moderna de la gravedad.

Una lección sorprendente está incluida en la pantalla que tiene cada pasajero. Un servicio que suelen ofrecer los vuelos largos. Entre las opciones existe la posibilidad de observar en tiempo real el trayecto que realiza la aeronave. Contemplando el recorrido se descubre que el planeta es redondo. Un vuelo que sale de París rumbo a Tokio no traza una trayectoria recta sino curva. A las pocas horas uno cae en la cuenta de que está sobrevolando el Círculo Polar Ártico. Y el piloto no se ha perdido. Solo intenta ahorrar tiempo y combustible. Está tomando la ruta más corta para llegar al destino, pero no sobre un plano sino sobre una esfera. La explicación se encuentra en la geodésica. «É a traxectoria que une dous puntos de xeito que, dentro da xeometría na que te movas, sexa o camiño máis curto. Se collemos unha esfera do mundo e cun cordón poñemos un extremo sobre París e Toquio e a movemos, pódese ver que a menor lonxitude do cordón aparece para a traxectoria que hai no mapa» explica Jorge Mira, catedrático de Física de la Universidade de Santiago.

Otro ejemplo de geodésica se encuentra en las órbitas de los planetas que dibujan elipses aunque no están cerradas del todo. En el siglo XIX el astrónomo francés Urbain Le Verrier propuso la existencia de un planeta cerca de Mercurio. Lo bautizó como Vulcano. Pero ninguno de los científicos que observaban con sus telescopios era capaz de localizarlo. Sin embargo, Le Verrier estaba convencido de su presencia. Solo Vulcano podría explicar las anomalías en la órbita de Mercurio. Cada vez que completa una vuelta alrededor del Sol no regresa al punto de partida, sino que se desvía unos 300 kilómetros. Albert Einstein descifraría el misterio en su teoría de la Relatividad. «El espacio-tiempo se curva por la presencia de la materia. Luego la propia materia o la luz se mueven siguiendo las líneas más cortas posibles dentro de ese espacio curvo. En cierto sentido, la elipse que describe la Tierra en torno al Sol es una línea recta en el espacio-tiempo curvo», comenta José Edelstein, físico teórico de la USC y autor del libro recién publicado Einstein para perplejos.

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