SPORTING 2 OSASUNA 0 LA CRÓNICA, estadisticas y video

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SPORTING 1905





Sporting: Cuéllar(2); Lora(1), Luis Hernández(2), Bernardo(3), Álex Menéndez(1); Sergio Álvarez(1), Nacho Cases(1); Juan Muñiz(0), Pablo Pérez(1), Jony(1); y Guerrero(2).

Sustituciones: Carlos Castro (2) por Pablo Pérez. Carmona(1) por Juan Muñiz y Ndi(sc) por Guerrero.

Osasuna: Santamaría; Echaide, David García, Miguel Flaño, Cadamuro; De las Cuevas, Loé, Merino, Cedrick; Kenan Kodro y Nino

Goles: 1-0 Lora. 2-0 Carlos Castro

Árbitro: Rubén Eiriz Mata, del Comité Gallego. 

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Es llegar Osasuna a El Molinón e inevitablemente retroceder a 1994, al britpop, a los discos de Blur y Oasis, a las perillas del mundial de Estados Unidos y a aquella masacre pamplonica por 7-1 en el coliseo gijonés. Fue la temporada del pantalón blanco, de una primera vuelta inolvidable con García Remón en el banquillo y Abelardo como mariscal de la defensa gijonesa. El Pitu se unió al festín invernal anotando un gol contra los navarros, aunque todos nos acordemos más de los 4 tantos de Escaich. Jan Urban también pisó aquél embarrado césped a la orilla del Piles y seguro que al saludar a Abelardo hoy en los banquillos, 20 años después, ambos técnicos recordaron tiempos mejores.

El Sporting saltó al campo como único equipo invicto de las dos máximas divisiones del fútbol español y a los cuatro minutos ya compraba papeletas para prorrogar su idilio con el triunfo una semana más. Una buena triangulación en el costado derecho visitante finalizó con un disparo mordido de Lora que previo rebote entre Flaño y Guerrero, se alojó en la meta de Santamaría. La explosión de la afición coincidió con la multitudinaria protesta al Consejo, de nuevo señalado con los pañuelos blancos como sucediera hace dos semanas ante el Leganés.

El gol fue lo mejor de la primera parte para los rojiblancos, que se echaron atrás y esperaron a un Osasuna que minuto a minuto ganaba en la lucha cuerpo a cuerpo. La medular gijonesa apenas resistía los envites pamplonicas, con un Pablo Pérez renqueante, un Juan Muñiz por momentos indolente y un Nacho Cases superado que buscaba en los balones largos a Jony la solución ante el dominio visitante. Bernardo se erigió en baluarte defensivo y su dupla con Luis Hernández semana a semana deja en evidencia a la formada por Bud Spencer y Terence Hill en cuanto a eficiencia se refiere. Los de Urban, con un Cedrick mucho más inofensivo que de costumbre, no encontraban la forma de traducir su dominio en goles y les faltaba clarividencia una vez llegados a la zona de influencia.

Volvió de vestuarios Osasuna con su idea inquebrantable, pero dejando más espacios a su retaguardia. Abelardo lo vio y movió ficha oxigenando el ataque con Carlos Castro por Pablo Pérez y Carmona por Juan Muñiz. El Sporting estiró las líneas, con Guerrero haciendo de cada partido un Waterloo, en combate abierto con la defensa rojilla, hoy con uniforme indescriptible de equipo de futsal. El delantero rojiblanco se lesionó minutos más tarde y Ndi se convirtió en el enésimo canterano en debutar con Abelardo. Osasuna buscaba el gol con ahínco pero poca claridad liderados por un excelso Miguel de Las Cuevas, mientras Cuéllar volvía a ser providencial con varias manoplas a lo Mazinger, en su eterno idilio con Dr Jekyll y Mr Hyde y Bernardo continuaba achicando balones como un coloso griego.

A medida que pasaban los minutos, los locales se encontraban con un campo abierto ante sus ojos, con el físico consumido para tanto césped en el horizonte, con una reserva extra de gasolina que solo provee la insultante juventud y osadía de estos muchachos. Santamaría sacó dos manos providenciales antes de escribir el réquiem de su equipo en la prolongación, cuando Jony usó el guante y Carlos Castro su ya clásico oportunismo postrero y sutil que hizo estallar a una afición que ve como su equipo continúa invicto, en constante pelea con los mejores de la categoría y rebosando descaro, sacrificio y orgullo. Quizá esto sea el ?Abelardismo?, o la vuelta súbita a hace más de dos décadas, cuando este equipo bailaba al son de la insolencia, del arrojo del veinteañero, de la ilusión del canterano, del sportinguismo en vena. Volvamos a esos tiempos, cada día más cercanos gracias a lo que acontece en el campo y fuera de él. Es hora del sportinguismo febril, el que se lleva en la sangre, el de los muchachos, el del aficionado, el que no se compra y ni mucho menos tiene precio de salida.


Sergio Pinto

@dikembe