SPORTING 3 ZARAGOZA 1 LA CRÓNICA, estadísticas y video resumen

Fisherman

SPORTING 1905

09 nov 2014 . Actualizado a las 18:03 h.








Sporting: Cuéllar(2); Lora(1), Luis Hernández(2), Bernardo(2), Álex Menéndez(1); Sergio Álvarez(2), Nacho Cases(1); Carmona(1), Ndi(3), Jony(2); y Carlos Castro(3).

Sustituciones: Muñiz(1) por Jony, Pablo Pérez(sc) por Castro y Rachid(sc) por Sergio

Zaragoza: Whalley; Cabrera, Rubén, Borja, Willian, Jaime, Fernández, Dorca, Galarreta, Javi Álamao y Vallejo.

Goles: 1-0 Castro. 1-1 Álamo. 2-1 Castro. 3-1 Sergio
  
Árbitro: Valentín Pizarro Gómez, del Comité Madrileño.

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La generación del 95. La que nació cuando el Mavy's y el Players estaban en pleno auge en la movida gijonesa, cuando tomabas chupitos en el BB+ y decías que conocías a alguien que te prestaría el carné para colarte en el Tik. Era la época del melo melo y edulcoradas bebidas que parecían diseñadas por Ágata Ruiz de la Prada. Aquello era 1995, con las camisetas de cuadros, los tejanos roídos y el Sporting peleando por no bajar a Segunda, en aquella promoción dramática contra el Lleida, con Perico Pérez, Sabou, Pier Luigi Cherubino y aquél ratón de biblioteca llamado Paco Salillas que por poco nos corta el aliento a todos. Aquel año el Zaragoza ganó al Sporting sin saber que sus principales verdugos de este 2014 estaban rodeados de líquido amniótico y en avanzado periodo de gestación. Dani Ndi y Carlos Castro  estrenaban titularidad en El Molinón frente a un rival que año tras año, por una cosa u otra, es peor recibido en el coliseo gijonés. Los de Víctor Muñoz llegaban a Gijón buscando engancharse con el grupo de cabeza, aunque tras el pitido inicial, un golpe de frío rojiblanco azotó en la cara a los blanquillos. Salieron en tromba los de Abelardo, buscando las galopadas de un Jony desbocado que a las primeras de cambió puso la pelota en la cabeza de Castro, que aún no apuntaba al norte y supuso el primer aviso. Llegaría otro de Carmona, cuando ya Dani Ndi se movía a sus anchas por todo el perímetro de influencia zaragocista, con la cadencia del felino en ese estado de activa latencia de los que huelen la sangre. En combinación con Jony, con la fe del que  nunca pierde rebañó un balón en línea de fondo, con caño incluido para la espuela de Carmona y llegó el primero, porque no hay Castro malo en Gijón.

El tanto espoleó a los sportinguistas, que practicaban un juego directo, intenso y preciso, con Sergio escoba en mano y Jony disparado hacia la Escalerona a cada balón largo, con Alex como escudero de lujo, un Ndi ubicuo, como un espectro de un tiempo pasado y Carlos Castro en modo brujo dentro del área, amagando a Whalley, que salvó el 2-0 a los veinte minutos. Eran minutos sublimes de los chavales de Mareo, opositando para ser protagonistas en el próximo anuncio de Coca Cola, con eslogan de Abelardo y la playa de San Lorenzo de fondo. El desgaste físico y emocional de los locales comenzó a diluirse a la media hora de juego, cuando el Zaragoza dio un paso al frente y se plantó en el centro del campo enseñando el león de su escudo y marcando en su primera oportunidad con un latigazo de Javi Álamo ante el que nada pudo hacer Cuéllar. 

Se igualaba la contienda y el Zaragoza parecía hacerse con el mando justo cuando el fútbol dejó paso a lo que viene siendo una tónica habitual en los enfrentamientos entre asturianos y aragoneses. Dorca hizo una falta merecedora de la segunda amarilla pero fue su compañero Fernández cinco minutos después el que vio el camino de vestuarios tras rifi rafe con Jony que como mucho daba para tarjeta amarilla. Como sucediera hace un año, ambos equipos se retiraron tras el primer acto envueltos en polémica.

En el segundo tiempo Carlos Castro volvió a ejercer de ratonero en el área pequeña de Whalley, como Kramer en la cocina de Seinfeld, cogiendo la leche, los cereales y cerrando la puerta de un portazo. El Sporting encontró con ese gol la tranquilidad necesaria para afrontar lo que quedaba de partido. El Zaragoza aún coleaba y en uno de los errores más graves del engranaje rojiblanco, Jaime cazaba una contra y en el palpitante egoísmo del futbolista, entregó el balón manso a Cuéllar cuando Edin esperaba en solitario. Ahí se acabaron los maños, que como Grouchy en Waterloo, desaprovecharon su última oportunidad. Entró Muñiz para darle más empaque y control al centro del campo gijonés mientras Castro se retiraba a hombros tras cortar las dos orejas al león zaragocista. Entró Pablo Pérez, y Ndi cayó a la izquierda, aunque más tarde volvimos a verlo por la derecha, y por el centro, y en nuestros sueños nos espera esta noche el camerunés, colosal en el día de hoy. 

Sergio Álvarez vacunó definitivamente a los maños, de cabeza y a la salida de un córner, certificando la imbatibilidad del germen de Mareo, con un rival descabezado que empezaba a escuchar olés en la grada mientras le subía la bilirrubina y que le queda un domingo entero de derrota y cuando llegue a casa verá que aún tiene la colada sin hacer. El Sporting mantuvo la posesión del balón hasta el pitido final, celebrando el tercer puesto, la imbatibilidad de la pasión y un fútbol de ideas claras y apto para todas las edades. Le dan ganas a uno de volver al Mavy's a tomarse un cachi, pero cosas de la edad, será mejor abrir un gran reserva o algo con más cuerpo, ahora que ya no hace falta que me presten el carné de identidad.

Sergio Pinto
@dikembe