17 may 2016 . Actualizado a las 12:37 h.
Gijón vive una de sus semanas más agónicas. Es la batalla del miedo, y la de la realidad. Ahora mientras lees estas líneas puedes estar agradeciendo una ligera desconexión. El próximo domingo, la última jornada liguera prepara un día de marcada emotividad. Ya no habrá más finales. Y las circunstancias, que son las que son, pronostican una agonía similar a la última media hora de Getafe, o a aquellos últimos minutos en Lugo. Dos estadios, cuatro equipos y noventa minutos que nos dan o nos quitan la vida. El tiempo que sana pero también mata no permite más huidas.
No ha sido una temporada fácil. La batalla por el descenso es sin duda alguna la más agónica y desagradecida. Cada partido nos ha tocado luchar contra un rival en aparente superioridad. Ha sido un máster de intensidad emocional. Si la Liga premiara la emotividad la plantilla, y afición, rojiblanca tendríamos hace tiempo sellado un pasaporte de por vida por los mejores campos de Europa. Cuando Álvarez Izquierdo se dirigía a la bocana de vestuarios después de despachar otra cuestionable actuación al equipo rojiblanco miles de almas se quedaron mudas y vacías. Como pagando un sobreesfuerzo físico y emocional. A su izquierda seguía maldiciéndose abatido el dorsal 28 asturiano. Jorge Meré aguantando estoicamente las lágrimas se dirigía al abarrotado córner sur madrileño a agradecer el apoyo a la afición. El Sporting llevaba más de media hora con 10 pero Meré no quería acabar nunca ese partido.
Ese chaval contenía por puro orgullo las lágrimas, el mismo con el que lleva exhibiéndose cada semana por los campos de España, estaba ahí, casi hundido pero de pie, de forma accidental. El infortunio del colombiano aceleró la progresión del ovetense, que en menos de un año y medio pasaba de competir en el fútbol no profesional a hacerlo en la mejor liga del mundo. Y a destacar. Meré es inteligente dotado y brillante, pero tiene una virtud que lo hace ser especial: cree en sí mismo más incluso que en sus compañeros.
La apuesta futbolística de Abelardo, presión alta y repliegue rápido, complica muchas veces más el ecosistema para la defensa rojiblanco. El Sporting es un equipo que defiende junto y sale rápido pero que tras perder al colombiano sufre cuando se mete atrás. Ya no tiene un apagafuegos que se imponga dentro del área como lo hacía Bernardo. El Pitu ha entendido que Meré y Luis brillan más juntos y lejos del área.
La puesta en escena del ovetense en Primera no fue tan buena ni brillante como sus últimos dos meses. El Sporting de diciembre a febrero acusó un importante bajón físico y futbolístico, ya no presionaba tan bien como a principios de curso. En medio de ese largo desierto Meré parecía uno más. Sus actuaciones eran discretas como las del equipo. El contexto ahondaba aún más en la herida, ese bajón físico de los rojiblancos les impedía llegar con frescura ni recuperar la presión alta. El equipo parecía partido las segundas partes y El Molinón parecía una selva donde los jugadores de Primera venían a exhibirse; Burgui o Gerard Moreno en el 2-4 o Sarabia en el 1-2. El equipo, por puro corazón y con la idea automatizada, seguía saliendo a presionar rápido y arriba pero perdía el control y la mayoría de veces el partido. Ahí Jorge daba la sensación de querer llegar por corazón a lugares que no le correspondían y no acababa de imponerse en su zona.
Jorge tiene una anatomía atípica para un central. Parece más un delantero móvil o un lateral largo. Su mentalidad y confianza le hacen brillar en el uno contra uno. Da la sensación de disfrutar cuando le encaran. Ahí enseña su lado bueno y se impone con una superioridad brutal a los atacantes. Su inteligencia y capacidad física de explosividad en los primeros metros le hacen modificar el contexto futbolístico habitual. Si lo normal es que los delanteros escojan donde atacar o parezcan dominar la situación cuando defiende, Jorge es al revés, fueron los casos de Aspas vs Meré o más recientemente Vázquez vs Meré.
Su talento y precocidad le convierten en un talento con un potencial difícil de descifrar. Si corrige algunas de sus carencia o las maquilla con su amor propio y fortaleza mental habrá jugador importante para más de una década. El domingo quince de mayo Gijón volverá a llorar. Quién sabe si las lágrimas de Jorge serán ahora de felicidad.

