27 may 2016 . Actualizado a las 00:37 h.
De Di Stefano a Messi Cuando Preciado llegó a Gijón se encontró una ciudad triste y apagada, ahondada en el hastío y la pereza. No había ilusión ni ambición. El Sporting parecía condenado a la más burda representación de la mediocridad. Un equipo carente de estilo, soporífero, sin alma, cuesta abajo y sin frenos. La llegada de Manolo lo cambió todo. Preciado reanimó una institución sin vida y recuperó el alma guerra de una ciudad que hacía tiempo que había renunciado a la guerra. Un año más tarde Gijón volvería al mapa futbolístico nacional después de rozar el abismo.
El Sporting de Preciado era la personificación de su entrenador, un equipo recurrente que juntaba Mareo con un pequeño grupo de jugadores discutidos desde fuera. Preciado convirtió ese vestuario es una familia. En ese grupo había un jugador distinto, el 17.
Castro vino como uno más, amparado en el anonimato y se fue con el reconocimiento de una ciudad entera, excepto de sus dirigentes. Los que mandaban pensaban que vendrían más jugadores como Diego, que su diestra era cotidiana, pero se volvieron a equivocar. Su ausencia dejó un desierto en el flanco izquierdo que duraría un lustro.
Sin Preciado ni Castro se perdió esencia. Vuelta a la realidad, al desacierto, al hastío y al inframundo de Segunda. Cada acierto respondía más a la suerte que a la intención. Bustos-Garai y Sergio al filial, un bucle eterno. El club fruto de la frustración volvería a apostar por un técnico de la casa. El primer día de Abelardo fue también el de un cangués de constitución robusta y talento indudable.
Jony Rodríguez y el Sporting fue amor a primera vista. Debut gol y victoria. Su mera presencia acaparaba todo el flujo de ataque rojiblanco. Rodríguez es talento, potencia y determinación. Cuando se agotaban los billetes de su carrera decidió agarrarse al último tren.
La primera temporada del técnico gijonés Abelardo trazó unas líneas de actuación perfectamente reconocibles. El Sporting volvía a ser un bloque compacto y con sentido. El extremo sería el caballo ganador del equipo rojiblanco. Cada gol, cada acción de peligro tenía como actor principal a Rodríguez. Su conexión con Isma, desde su debut como lateral en el Sardinero, fue inmediata. Jony aprovechaba los pulmones del navarro, que ofrecía siempre una salida y arrastraba a un defensa, para aprovechar el espacio. Abelardo tenía un plan. La trampa consistía en atraer rivales lejos de su área para robar y atacarles al espacio. Ahí el 23 era un avión.
Como toda historia de amor, Rodríguez sufrió una pequeña crisis de convicción y juego. El Molinón tan paciente y condescendiente con algunos no vaciló en pitarle. Su segunda vuelta fue preocupante. Jony no iba sobrado, era normal. Y su normalidad era extraña. Pero no perdió sitio en el vagón. La vuelta del Sporting a Primera ofrecía una incertidumbre difícil de despejar, ¿sería capaz de competir y destacar también en la élite? Su adaptación a la máxima categoría nacional fue difícil pero poco a poco se volvía a discernir luz.
Jony empezaba a sentirse a gusto desafiando el lateral. Su tren inferior y aceleración excelsa le daban un plus que solía aprovechar. A diferencia de otros dribladores el asturiano no encara por encarar, busca siempre una solución. Los mejores laterales de la Liga asumían que el duelo era inevitable. Cuando tenían en frente al extremo rojiblanco eran continuos choques de vida o muerte. Cuando la moneda salía cruz, muy habitualmente, la jugada siempre era productiva. Jony potencia cada jugada con centros potentes y malintencionados dificilísimos de defender para el portero y su defensa y un caramelo continuo para los atacantes rojiblancos.
Jony Rodríguez es el arte de la simpleza. Cuando lo previsible se vuelve indefendible. La producción en esencia. La enésima torpeza de los médiums ?dirigentes? vuelve a dejar desértica la zona de más renombre y calidad del esquema rojiblanco. Abelardo llora la marcha de su jugador fetiche. Jony hombre de palabra prometió la permanencia., Hace una semana Rodríguez se despedía del Templo tal como lo conoció. Con gol, victoria y con el objetivo: la permanencia. Gijón seguirá sentada, al menos un curso más, en su trono, pero volveremos a batallar si nuestro rey. Se marcha el Cid bajo el lema veni vidi vici, nuestro Messi.
@andresmpuente
