Me equivoqué, no era solo fe

Andrés Menéndez ESPACIO ROJIBLANCO

SPORTING 1905

15 sep 2016 . Actualizado a las 02:00 h.

También era fútbol. Y números. Es increíble como pasa el tiempo. Hace apenas dos años el Sporting parecía condenado a la amargura. Al desencanto. Éramos un juguete roto en manos del destino y del infortunio. Cada apuesta era como jugar a la ruleta rusa, no había estilo ni modelo. Todo era casual y nada era causal. La llegada de Abelardo y sus guajes, por exigencias del guión, lo cambió todo. Antes, cualquier éxito era pura coincidencia. El trabajo de ese grupo, la mayoría perdido en plena travesía, nos ha regalado una nueva oportunidad. 

Recuerdo, a modo de anécdota, un viaje desde Salamanca, donde cursaba mis estudios de periodismo, a Valladolid para ver al Sporting. Ese día, con el equipo asentado en la lucha por el ascenso, caímos goleados por (3-0). No os imagináis la pataleta que me agarré... llevaba muchos meses sin poder ver al equipo en directo y únicamente habíamos perdido un partido de los últimos veinte. Y ahí estaba yo y me tocaba ver la derrota. Y encima goleados. Pero aquella tarde, hacía un frío terrible en Zorrilla, cuando el resultado era ya grosero vi a un equipo luchando ante la adversidad e intentando hacer al menos un gol. No había manera, no era el día. Salí del campo rumbo a Salamanca repitiendo en mi cabeza, de forma casi enfermiza, ¿por qué corren si es el minuto 90 y perdemos de 3? ¿no será mejor que descansen para el próximo encuentro?.. vaya fe, pensé. 

Efectivamente aquel Sporting de los Guajes - al que le debemos tanto- era demasiado noble. Puro corazón. Como dice el Pitu, y con perdón, «sienten la camiseta y eso es la hostia». El Sporting no perdió más aquella temporada en Segunda. Ni un solo partido. Y acabaría ascendiendo, la historia no la repito al ser de sobra conocida, emocionando a una ciudad. Aquella tarde recordé a mi abuela. Una forofa de lágrimas y sonrisas. Aquello fue mucho.  

Ahora, en mitad -o más- del éxodo de ese grupo, después de tantas altas y bajas, con el equipo luchando por asentarse en La Liga reconozco mi error: me equivoqué aquel grupo que batallaba con orgullo y que acostumbraba a la victoria no era sólo fe.. también eran fútbol. Y números.