Vale más ser pobre

En el fútbol mandan los resultados. Cuántas veces habremos escuchado eso. Una afirmación que tiene tanto de tópico como de cierta

El Sporting celebra el ascenso en el Villamarín
El Sporting celebra el ascenso en el Villamarín

Gijón

En el fútbol mandan los resultados. Cuántas veces habremos escuchado eso. Una afirmación que tiene tanto de tópico como de cierta. Aunque a veces, en ocasiones y en lugares especiales; pongamos Gijón, pongamos El Molinón, el dicho no se cumple a rajatabla. El sábado empató el Sporting, igual que lo había hecho una semana antes en Granada. ¿Igual? No hombre, no. Igual no. Ni el escenario era el mismo, ni el rival era el mismo ni el Sporting fue el mismo que fue en Granada, siendo esto último lo realmente importante. La gente salió el sábado del campo contenta. Contenta por la imagen y por el juego del equipo, hecho que no sucedía desde hace tiempo. Brotes verdes que diría alguno. El siguiente paso es refrendar esa mejoría en el juego el viernes fuera de casa, talón de Aquiles de este Sporting hasta la fecha. De viernes, sí. Para que nos vean los chinos y esas cosas.

Lo cierto es que este equipo tiene más fútbol y más argumentos que los que había demostrado en las últimas jornadas. Nadie duda ya a estas alturas de la calidad de Moi, del trabajo de Cop o de las mayores alternativas que el Sporting de esta temporada puede ofrecer a lo largo del año. Pero que nadie dude tampoco de los de siempre. Y entiéndase por los de siempre los que uno imagina cuando lo lee. No hace falta dar nombres.

El fútbol no tiene memoria y no pretendo ser yo el que reivindique esa memoria. La competición no espera, los años pasan, el día a día de los entrenamientos marca la pauta y nadie espera regalos en forma de titularidades por el mero hecho de tus buenas actuaciones en el pasado. Regalos no, respeto sí.

El problema de lo que pasa en el fútbol no se circunscribe solo al mundo de la pelota. Nos pasa con todo en la vida, uno cansa de ver siempre lo mismo y busca cosas nuevas. Ni mejores ni peores, nuevas. Así, nos pasamos la vida cambiando de coche por uno con más caballos o cambiando de casa por una más grande, hasta que llega el día que volvemos a tener un momento de lucidez y recordamos cuanto más felices éramos con nuestro Opel Corsa y nuestro pisín en El Natahoyo. Lo mismo pasa en el Sporting, remodelando la plantilla cada vez que las circunstancias lo permiten para al final añorar aquel equipo con Sergio y Nacho en el doble pivote y con Canella en el lateral izquierdo. Vale más ser pobre, dicen los más viejos.

El de Laviana fue el hombre del partido, tanto por su rendimiento como por el contexto de su regreso al once. De igual modo, estoy seguro de que su nombre  seguirá ocupando líneas toda la semana. No es necesario. No necesita el reconocimiento de la prensa porque tiene, y ha tenido siempre, el de sus compañeros de vestuario durante todo ese tiempo en el que no acaparaba portadas. Con eso le es suficiente.

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