El Sporting tiene un buen espejo donde mirarse para el partido del domingo. La temporada pasada ya ganó al Espanyol en su campo con un gol del canterano sobre la bocina
09 dic 2016 . Actualizado a las 11:24 h.Un zurdazo en la última jugada del partido encendió las luces del Sporting. Esto fue lo que ocurrió en la visita de los rojiblancos a Cornellá el año pasado, y Alex Menéndez fue el autor de algo cercano a la proeza. Mestalla, Riazor y Barcelona fueron tres salidas en las que el equipo de Abelardo supo sacar todo el jugo posible a duelos igualados. Ahora, todavía caminando con dudas, verá como su rival aparece en el verde con la moral por las nubes. Pero eso viendo lo que sucedió la temporada pasada no debería ser un problema.
Aquel Sporting mostró una buena imagen en general y se adelantó en el marcador con un gol de Halilovic desde la frontal del área. El croata comandó al ejército del Pitu a pesar de que Felipe Caicedo logró empatar el tanteador en una fase de desajuste de los astures. Ya no está Halilovic, pero la plantilla demostró ante Osasuna que tiene el camino cogido con un nuevo esquema y unas nuevas ideas. También ilusión, la misma que parece ir generando poco a poco en la grada. Eso debería de ser suficiente para ir sin complejos a la Ciudad Condal
Un gol en el último minuto como recuerdo
Los dos equipos daban por bueno el empate. El Espanyol porque había ido buena parte del partido a remolque en juego y en el marcador, y el Sporting, porque sumar fuera de casa no era un mal resultado. Pero como dice el dicho, hasta el rabo todo es toro. Para eso estaba un Alex Menéndez que por aquel entonces atravesaba su mejor momento de forma.
La pelota llegó de derecha a izquierda después de una serie de toques defectuosos y por ahí apareció la zurda del canterano para cruzar el balón al palo largo, donde no llegó el portero. Desató el delirio entre los aficionados que se desplazaron a Cornellá y señaló el camino para futuras ocasiones. Una de estas ya es presente. El Sporting sabe que necesita ganar, y tiene la experiencia cercana de que los puntos valen lo mismo llegando en el primero que en el último minuto.