Por qué Javier Fernández no echará al Pitu

Genaro Morán GIJÓN

SPORTING 1905

Directiva Sporting
Directiva Sporting Real Sporting

Tres razones que explican por qué el presidente del Sporting seguirá apostando por el entrenador hasta que no le quede más remedio

23 dic 2016 . Actualizado a las 16:49 h.

Los sportinguistas que creen que Javier Fernández está a tiempo de echar al Pitu, hacer dos o tres fichajes aseados en enero, subir a un par de guajes del filial, y traer un entrenador que enderece el rumbo de la nave tienen uno de estos dos problemas: o son muy jóvenes y no conocen la historia del Sporting o pecan de un optimismo excesivo. El presidente del Sporting no echará al entrenador, al menos a corto plazo y hasta que no le quede otro remedio, por las siguientes razones:

1) El miedo es libre. El 8 junio del año 2015, en la resaca del milagro de Motilivi (¡¡¡gooool del Lugo!!!), Javier Fernández abandonó la plaza mayor por la callejuela que da al Muro escondido como un polluelo bajo el ala del gran Pitu. Los que habíamos salido del tumulto de la plaza mayor a tiempo de despedir a los héroes del ascenso pudimos ver a un Fernández aliviado, más que feliz. La plaza entera acababa de cantar, entre otras muchas cosas, el grito que durante todo el año tronó en El Molinón. ¡Directiva Dimisión! Fue un cántico que duró toda la temporada, y la comunión del Pitu y los guajes con la afición, que alcanzó cotas de la era Preciado, no acalló los gritos, sino todo lo contrario. (Abelardo no se acuerda ahora, pero nunca se le vio incómodo con aquella situación, aunque también es cierto que cuando a final de mes no cobras, no debes de tenerle mucho cariño a tu jefe).

Aquel fue el último día en el que aquellos gritos se oyeron de forma masiva. El Pitu le echó el hombro por encima a Javier Fernández, como diciéndole: “Ven aquí, que soy el puto amo de Gijón, y si vienes conmigo no te van a silbar”. Es lógico pensar que Javier Fernández tenga aquellos recuerdos grabados a fuego. Y que le dé vértigo echar el Pitu y quedar otra vez a la intemperie. Es cierto que los chavales que se ponían detrás de la portería norte con las bufandas y levantaban al resto del estadio se han diluido, lo mismo que la oposición más oficial de Tu Fé Nunca Decaiga. Pero el miedo es libre y el presidente del Sporting no quiere ser el más valiente del cementerio.