El Sporting reverdece en primavera

Raúl Álvarez REDACCIÓN

SPORTING 1905

Un gran final de temporada afianza la gloria de Abelardo y los guajes y permite al equipo sobrevivir otro año en primera

26 dic 2016 . Actualizado a las 12:24 h.

El 15 de mayo fue un día de fiesta en El Molinón. El estadio gijonés asistió aquella tarde a los goles de Jony y Sergio Álvarez que derrotaron al Villarreal y permitieron al Sporting conservar su plaza entre los veinte equipos de la primera división. Fue el último acto de una primavera gloriosa para los rojiblancos en la que una plantilla low cost superó las estrecheces presupuestarias, sus propias derrotas en los dos primeros tercios de la liga y las expectativas de muchos comentaristas del fútbol español para superar a otros tres equipos en la clasificación y evitar el descenso. El club completaba así su segunda temporada de éxito después de haber conseguido el ascenso en 2015. Amenazado de muerte por asfixia financiera después de muchos años de deficiente gestión económica, el club volvió a encontrar en su entrenador y sus futbolistas un grupo de personas capaces de salir adelante en situaciones de ahora o nunca.

De aquel último partido de la temporada se habló mucho en las semanas posteriores, y no siempre en términos elogiosos. La crianza sportinguista de Marcelino García Toral alentó sospechas sobre la voluntad de victoria del entrenador y los futbolistas del Villarreal en su visita a Gijón. El cuento de hadas también tuvo de nuevo la ayuda benigna del Betis. El equipo al que en 2015 el Sporting derrotó con facilidad para lograr su ascenso venció en esta ocasión al Getafe, mandó al equipo madrileño a segunda y permitió la felicidad de la mitad rojiblanca de Asturias. Aunque algunas declaraciones poco sensatas de los protagonistas y ciertos análisis deformados de la jornada 38 pusieron en circulación una teoría conspiratoria sobre las razones de la permanencia del Sporting, lo cierto es que si Abelardo y los suyos llegaron a ese punto en condiciones de sobrevivir no fue gracias a fuerzas e influencias externas, sino a un rendimiento que floreció con la primavera.

Aquella plantilla de jóvenes criados en casa, veteranos de la segunda división y tres meritorios de equipos grandes cedidos --los fichajes fueron vetados por la Liga de Fútbol Profesional en castigo por los incumplimientos económicos del club-- en busca de un escaparate para lanzar su carreras empezó titubeante. Las lesiones de Bernardo, el jefe de la defensa, y Sergio Álvarez, el arreglalotodo del centro del campo, complicaron aún más el camino, que durante algunos tramos de la temporada se atascó en malas rachas de varios partidos sin ganar. Pero, llegados los momentos decisivos del campeonato, a partir de marzo, el equipo empezó a conseguir resultados. Se hizo fuerte en casa, donde ganó a tres equipos que empezaron el verano en la Champions League: Atlético, Sevilla y Villarreal. Fuera, empate a empate, consiguió mantenerse a tiro de los otros equipos que luchaban en los últimos puestos de la clasificación. De los seis partidos finales, solo perdió en la visita al Nou Camp.

Si mayo fue el momento culminante del 2016 rojiblanco, los meses posteriores han tenido algo de cuesta abajo emocional. Para la nueva temporada que empezó en agosto, levantada la sanción, hubo fichajes, aunque la docena de incorporaciones ha dividido a la hinchada. En los foros de internet se siente la nostalgia por ese Sporting de los guajes ahora diseminado: Bernardo se marchó a Inglaterra; Jony, a Málaga; Pablo Pérez pasa un año cedido en Alcorcón; no se renovó a Álex Barrera, Álex Menéndez ni Guerrero. Otro sector esperaba nombres mayores, pero la situación económica del equipo, aunque ha mejorado, solo permite acceso a jugadores del escalón más bajo del mercado: los que quedan libres, vienen cedidos o cuestan realmente poco dinero. No es una situación exclusiva del Sporting. La mayoría de los equipos con los que compite por quedarse en primera hacen malabarismos similares para cuadrar sus ingresos y sus gastos. El rasgo diferenciador del club rojiblanco, sin embargo, es la duración de una penuria que ha separado para siempre a los propietarios de buena parte de la masa social del club. Las protestas siguen y las posibles ofertas de compra del club aparecen y desaparecen sin concretarse nunca.

El fortalecimiento económico vuelve a depender del rendimiento en el césped. El chorro de millones que garantiza la primera división es otra vez el objetivo último de la temporada. El equipo empezó bien, con dos victorias y un empate en los tres primeros partidos, pero cayó después en la peor racha de juego y resultados de la etapa de Abelardo -que en mayo alcanzó una posición casi de leyenda- en el banquillo. Si el entrenador repite el patrón de la temporada pasada y consigue que, después de la hibernación, la savia nueva dé energías al Sporting, es posible que esos malos momentos terminen olvidados con otra fiesta en El Molinón.