«Se busca director deportivo»

Artículo de opinión


Gijón

Nico Rodríguez no es Ramón Rodríguez Verdejo, más conocido como Monchi en el mundo del fútbol; pero Rosendo Cabezas tuvo mucho que ver con el buen hacer del Sevilla en las últimas décadas y fracasó como director deportivo del Real Sporting de Gijón.

Rosendo llegó a la ciudad asturiana en una etapa de crisis deportiva similar a la actual y lo hacía con el aval de haber fichado, entre otros a Zamorano, Polster, Suker, Simeone y Tsartas en sus casi 12 años al frente del Sevilla, de donde salió para vivir en Salamanca por motivos personales, y a donde regresó tiempo después de su decepción en Gijón, aunque trabajando desde la localidad salmantina como asesor de Monchi.

¿Se le olvidaron las gafas al ex del Sevilla de camino al norte de España? seguramente no. El problema reside en que desde el propio club no se ofrecen los medios suficientes que requiere el citado cargo, de modo que por mucho que se cambie de nombres, es complicado realizar un proyecto serio en el tiempo, más allá de gestiones puntuales.

Nico Rodríguez llegó a Mareo sin tener claro qué, cuándo, cómo y por cuánto podría realizar sus fichajes en la primera temporada al frente de la parcela deportiva de la SAD, puesto que existía una sanción por impagos. Y en su segundo verano se encontró sin el secretario técnico que deseaba para empezar a desarrollar su estructura de ojeo, con tres pilares como Bernardo, Luis Hernández y Jony que no habían sido renovados en las temporadas en las que se encontraban en una cotización a la altura del club -tampoco él fue capaz de arreglar el fallo, cierto es-; y dos recién ascendidos como el Leganés y el Alavés, con menos masa social que el Sporting, tenían un mayor presupuesto capaz de quitar fichajes como el de Marcos Llorente; mientras por otra parte tenía que ponerse de acuerdo con su entrenador, Abelardo Fernández, que tenía tanto o más poder que él, pese a estar por debajo en el organigrama, de forma que para bien o para mal, difícilmente podría realizar su trabajo con plenas garantías, por mucho que haya tenido errores propios, que los ha tenido, y ayudas del Pitu en algunas incorporaciones como las de Sanabria y Halilovic.

¿Y cuál es la moraleja de éstas reflexiones? pues bien simple. Mientras no se otorguen por parte de la propiedad plenos poderes, medios y dinero para no tener que fichar a coste cero, por mucho que en el futuro llegue un director deportivo que sea bueno, bonito y barato, no esperemos que haga un proyecto completo, más allá de aciertos puntuales.

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