Carlos García, el hombre de Anselmo López

«Cuando era niño soñaba con ser futbolista del Sporting y ahora me encuentro que dejaré una pieza que permanecerá en la historia del club».

Carlos García posa con el busto de Anselmo López
Carlos García posa con el busto de Anselmo López

Gijón

En el tramo final de la liga los amantes del fútbol suelen ser amigos de rezar. En Gijón, por ejemplo, la parroquia sabe bien lo que es que se cumplan los milagros. Dos años seguidos que, habrá que ver, si culminan en un tercero. Dentro del santoral podría incluirse uno más, al menos, para los jugadores. El busto de Anselmo López ubicado en el estadio de El Molinón entre los dos túneles de vestuarios. «Me parece el sitio ideal. Es una pena que no esté accesible a todas las personas que pueden pasar por fuera del estadio aunque hay que decir que tiene más visibilidad para el gran público porque cada vez que los jugadores van a salir al terreno de juego las cámaras de televisión siempre lo enfocan».

Quién habla es Carlos García (Gijón, 1978), escultor que después de tres meses ha culminado el trabajo. El busto se ha llevado a cabo en varias fases. «La primera es la del proyecto, la creatividad del concepto; después está la propia confección del modelo en barro y luego la creación de la pieza en bronce. Para esto primero hay que hacer un molde, luego fundirlo, darle su acabado… También está la parte de la peana que tiene un concepto importante en la pieza», explica el artista.

«Satisfecho y orgulloso», reconoce que «me alegré especialmente cuando me llamaron». García esconde entre sus ‘vicios’ confesables haber jugado al fútbol ocho años en el Veriña y dos en División de Honor en La Braña. «He jugado el torneo de barrios como muchos otros en El Molinón. Algo reconoces, sientes, imaginas lo que pueden vivir lógicamente con la distancia de lo que puede ser el nivel de Primera División pero te resulta cercano el entorno».

Esto ayudó a la hora del trabajo, aunque lo que más le hizo interiorizar el encargo fue que «de niño me imaginaba como jugador del Sporting y encontrarme en esta situación años después ha sido una paradoja muy bonita. Soñar con estar en el estadio y de adulto en tu profesión ver realizado desde el propio campo una pieza que permanecerá», asegura. «Los caminos nunca sabes hacia dónde van pero a veces se encuentran».

Conversaciones y material

Carlos García fue el elegido pero ¿cómo llegaron hasta él? Fue a través de la Asociación Anselmo López. «Me conocían por el busto que hice hace unos años del padre José María Díaz Bardales. Les gustaba mi trabajo y les podía encajar». Eso fue hace más de un año. «Me pidieron una propuesta para presentársela al club. Después pasó tiempo y a finales de 2016 la entidad tomó la decisión de ir hacia adelante». No fue el único que se presentó, aunque este gijonés de 39 años, imagina que entre las razones para elegirlo «tendrían en cuenta el origen y la calidad del trabajo aunque los demás sé que eran artistas de gran nivel».

Realizada la selección comenzó el trabajo, una tarea nada fácil por el poco material existente y además con una baja calidad. Sin embargo, el autor lo consideró «un reto». García mantiene que «tienes que interpretar y leer ese lenguaje casi borrado por los pocos elementos gráficos que hay. A mí personalmente siempre me ha gustado la escultura aunque no es precisamente mi obra más prolífica y he tenido la suerte de que técnicamente llevarla a cabo con accesibilidad. Me siento cómodo y no me supone una dificultad por encima de mis posibilidades. Es difícil realizar un busto cuando quieres que se parezca y transmitirle algunos mensajes, signos que no aparecen en las fotografías. Estamos hablando de alguien que no es un personaje público actual donde puedes tener mucho material, conocerlo o visitarlo ver diferentes ángulos».

La pieza se ubica en El Molinón desde el día antes del partido contra el Málaga. Una obra que el escultor describe como un trabajo donde «hay diferentes elementos simbólicos y conceptuales que se han transmitido a través de su mirada, procurándole un gesto amable y próximo pero a la vez sereno y solemne. Pensemos que Anselmo López había sido futbolista, por eso el gesto de cuando uno posa antes de un partido. Va en el túnel de vestuarios con lo que transmite mayor solemnidad al momento y responsabilidad. Todo eso se ha intentado transferir en la pieza dotándola de gestos y rasgos sueltos, bastante modernos». Eso en cuanto al busto en sí mismo porque la peana también tiene su radiografía propia. «Ha sido un elemento más contemporáneo. Se ha utilizado acero corten y tiene ángulos que representan el escudo del Sporting. Es hueca en la parte central. Con ello permites aligerar visualmente y respirar a una pieza de bronce que tiene una tendencia clásica». El acero corten es muy habitual en el norte de España por la tradición industrial, algo que se refleja perfectamente en Gijón. De hecho, esa especie de hierro oxidado es el material empleado en las esculturas de Fernando Alba ubicados al final de la Playa de San Lorenzo.

Pese a la complicación del trabajo el artista no piensa en las dificultades «sino en su desarrollo. No me asustan los proyectos complejos, son los que más me gustan. Buscaba su resolución, el análisis profundo. La dificultad está implícita en el proyecto pero nunca pienso en ella». Ahora sólo queda disfrutar de la obra. El busto de Anselmo López ya tiene su hueco en El Molinón, espacio que acabará sobreviviendo a todos los sportinguistas

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