Llámalo retorno

Emilio Órdiz GIJÓN

SPORTING 1905

Directiva Sporting
Directiva Sporting Real Sporting

El Sporting es de Segunda División por culpa de un cúmulo de errores y de un proyecto fallido

18 may 2017 . Actualizado a las 01:28 h.

El Sporting es un desastre en sí mismo. Esta temporada no tiene ninguna lectura positiva. Ni siquiera la de una afición que, desencantada como nunca, todavía no ha sido capaz de movilizarse como la situación exige. Hay consenso a la hora de determinar al principal culpable: un máximo accionista que se ha rodeado más de amigos que de entendidos en lo que debe ser un club de fútbol. Pero todo suma. Las decisiones son malas, y las consecuencias, peores.

Allá por el mes de julio, cuando empezaron a llegar los fichajes en masa, la grada se ilusionó -no con todos, pero sí con alguno- y el plan de los guajes, que había terminado, quedó en el pasado sin que nadie reparase en su pérdida. Muchas bajas, muchas altas, y tres primeras jornadas hasta ilusionantes. Pero la Liga es una carrera de fondo y el Sporting agotó todo su fondo físico en los metros iniciales.

Hay que colocar el primer foco en los despachos. Javier Fernández, es un hecho, no sabe de fútbol. El consejo de administración lleva muchos años sin dar la cara en las malas, aunque se cuelgue medallas en las buenas. Dejó en manos de Nico y Abelardo las decisiones deportivas, pero desde las oficinas no se tomaron las necesarias en lo institucional. Cuando la directiva se mantiene a verlas venir, pasan estas cosas.

Precisamente otro error ha sido el director deportivo en sí mismo. No renovó a jugadores clave de la temporada pasada cuando era un hecho que aquel equipo con continuidad podría llegar a dar grandes cosas. Más de 15 fichajes para compensar las salidas, y ninguno de los llegados en verano ha dado la talla. ¿Nota? Suspenso. Lillo, Babín y Burgui -este en la segunda parte de la temporada- han dejado un balance más que pobre. Tres éxitos relativos no son suficientes para que merezca seguir con el equipo en segunda.

En invierno, no nos engañemos, tampoco solucionó los oscuros. Mikel Vesga rindió más que todo el resto juntos, pero no fue suficiente. Y quizás los dos borrones más grandes hayan sido tanto Traoré como Elderson. En dos meses casi ni nos acordaremos que llegaron a vestir la rojiblanca. Nico Rodríguez merece ser señalado.

Tampoco Abelardo supo gestionar los cambios. En verano dijo que había mejor plantilla, y el tiempo le quitó la razón. Perdió peso entre buena parte de la afición y por supuesto ?a los hechos nos remitimos- también dentro del vestuario. De hecho, hay voces que creen que su salida tuvo que producirse mucho antes. Si es así, demuestra otro ejemplo de lentitud por parte de la directiva.

El Sporting caminó todo el tiempo en la cuerda floja, hasta que cayó al vacío. Rubi mejoró en juego, pero no en resultados y tampoco en discurso. Relegó a un segundo o tercer plano a jugadores importantes y aunque recuperó la mejor versión de Burgui o de Sergio, no ha cumplido el objetivo. Por tanto, no merece seguir.

En el campo el bochorno solo hizo que cerrarse. Cero estilo, cero ganas y cero implicación de muchos jugadores que al fin y al cabo estaban en el Sporting de paso. O eso ha parecido. Eso no debería servir. Que se lo digan al Alavés. Pero en Gijón las cosas siempre han sido diferentes cuando se nos llenan los bolsillos. Y diferentes para mal.