Los rojiblancos no fueron un equipo en Navarra
02 oct 2017 . Actualizado a las 22:55 h.Una jornada más, los rojiblancos cumplieron la frase de: "Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como". Cuesta un gran esfuerzo elogiar un sólo aspecto colectivo, incluso una simple sociedad limitada sobre la que sostener un comienzo de proyecto.
Una semana más, cualquier atisbo de competitividad para obtener algún punto frente a Osasuna estuvo vinculado a un momento de inspiración individual, como podría ser de Rubén García, Michael Santos, Carlos Carmona,...así como al buen hacer de un Mariño, que mostró en público su descontento por la cantidad de trabajo que no le restan sus compañeros de equipo, desde la primera línea defensiva, hasta la última. Quien no hizo declaraciones fue Stefan Scepovic, el delantero serbio se volvió a quedar sin rematar ni una sola ocasión, pero también sin que ningún compañero le asista en condiciones óptimas, lo que viene a probar la falta de conexión deportiva entre los jugadores. Sin asistencias, ni ofrecimientos, ni desmarques, ni presión colectiva, todo fue un camino de rosas para los navarros.
Por no haber, no hubo ni picaresca para volcar de forma colectiva el juego hacia la banda del ex rojiblanco Lillo, que tenía una tarjeta amarilla desde el minuto 22. Todos hacen la guerra por su cuenta y eso, en Segunda División, está visto que no funciona, porque nadie tiene la calidad suficiente para marcar diferencias de un modo individual, como sí ocurre en las grandes competiciones.
Así queda el cuadro de la jornada:
El crack: Mariño fue el mejor jugador del partido, demostró estar a un nivel superior al resto de futbolistas presentes.
El catacrack: podría serlo cualquier jugador de mediocampo hacia adelante en el Sporting. Ninguno estuvo al nivel esperado.
El dandy: Sergio Herrera. El portero de Osasuna se puso una lentilla de repuesto, pero podría haberse sentado en el banquillo y habría ganado el partido de igual modo, puesto que el Sporting no le hizo trabajar en los 96 minutos de juego. Día de relax.
El duro: Lillo. Como es habitual en él, se extralimitó a la hora de buscar los robos de balón. No fue violento, pero al lado de un Sporting parsimonioso, cualquier futbolista que use el contacto en su juego podría ser considerado como duro.
El vaya día: Álex López. Tuvo lo más parecido a ocasiones de gol en el equipo asturiano y mandó su oportunidad a las nubes. Además, en líneas generales tampoco aprovechó la continuidad que le brinda Herrera para hacerse un hueco.