La firma invitada: Fernando García de Dios, periodista de RPA
09 oct 2017 . Actualizado a las 15:50 h.El tío de Peter Parker (Spiderman, para que nos entendamos) le dijo en su día que “un poder conlleva una gran responsabilidad”, y ese consejo está grabado en todos aquellos clubes que presumen de tener una gran cantera. Siempre que hay un chaval que despunta un poco, medios, aficionados y representantes se abalanzan como buitres sobre él situándole un buen número de pájaros que no paran de volar sobre su cabeza. El joven futbolista cambia su tono con respecto al resto, empieza a creerse que es Superman en camiseta, quieren demostrar más de lo que pueden dar, no defraudar a esos que no paran de pasarle la mano por la chepa, hasta que se encuentra con su kriptonita que no es otra que la realidad y el jugador pasa a ser otro más del montón, repudiado por los periodistas, seguidores y agentes que pasan a darle la espalda con un “ya lo decía yo”. Flaco favor se hacen todos cuando buscan un nuevo Villa, un nuevo Ablanedo o un nuevo Abelardo, por dar algunos ejemplos rojiblancos, y ser ellos los primeros que digan que los descubrieron.
Atrás quedan los Jaime Santos, Álvaro Bustos o Juan Muñiz, entre otros, por los que la gente, y principalmente los que nunca subían a Mareo para ver jugar al Sporting B, se desvivían sin haberlos visto nunca tocar un balón en su vida. Pedían a gritos que el entrenador de turno del primer equipo les diese una oportunidad, y si no citaban a su ídolo infante, encolerizaban al grito de “no tienes ni puñetera idea”, y si jugaba ya aparecía el listo de turno, que lo sabe todo de oídas, para quejarse porque “al chaval no lo ha colocado en su puesto”.
Pero después de tanta falacia mental y ver que no era lo que les dibujó su mente, se van a la caza del otro. Esta es la vida, a grandes rasgos, del Homo Sportingiscus Aburridus (aunque se pueden encontrar variantes en el Celta, Oviedo, Athletic, Real Sociedad, etc), un individuo que se le llena la mente de imaginación futbolística y cuando ve la realidad, hace como el pez en la pecera, que cada vez que se gira descubre un nuevo mundo por conocer. Por eso, a todos ellos, les mando este mensaje: Dejad a los guajes en paz. En el filial gijonés y en equipos inferiores hay un buen número de chavales llamados a poder vestir la elástica del primer equipo algún día, pero hasta entonces no les vendamos con elogios falsos sueños de futuro. Dejemos que disfruten de su deporte favorito con sus amigos y compañeros. Dejemos que lo saboreen hasta que el entrenador del primer plantel decida contar con ellos. No hagamos que les empiece a importar más su imagen antes de tiempo y que se deshumanice su persona pensando únicamente en su apariencia ante las cámaras.