¿Quo vadis, Paco?

Toño Suárez GIJÓN

SPORTING 1905

Paco Herrera
Paco Herrera

Artículo de opinión

10 nov 2017 . Actualizado a las 19:55 h.

De las numerosas estratos que rodean al núcleo principal del fútbol, que es el balón, el del forofo, ese fenómeno que describió como nadie Nick Hornby y del que Marcelo “el loco” Bielsa enmarca como insustituible, está molesto con la gestión que, sobre un equipo hecho a medida, está guiando a puerto Paco Herrera. Y el espectador, un subgénero del incondicional, también lo está: y mucho. Y eso que, el rumbo impuesto por el técnico para llegar de una pieza a puerto, aún demasiado lejano, parece el óptimo. Solo un puntito de brisa aleja al navío de aguas serenas: pero todo es poco para el forofo. 

Y tienen razón, ¡qué coño!: aquí cada uno tiene que desempeñar su papel y el del aficionado, el socio, el forofo, no es solo el de “paganini”, el de compañero impenitente a las duras y a las maduras, el de sufridor extremo: es el de entrenador Campeón de Europa, presidente inolvidable , delantero pichichi, medio centro ambidiestro, colegiado, juez de línea, diseñador de camisetas, jefe de prensa, director de campañas de publicidad y jardinero en tiempos de pasto reseco y calvas (en el césped) que impida el movimiento frenético del balón, suerte innegociable: más de tres toques al balón y los leones del Circo Máximo ya tiene almuerzo. 

Así que concluimos, y por ir acabando, que el aficionado es el Rey, o el Presidente de la Republica para no molestar a nadie, y Paco Herrera no es la marca de ginebra que les gusta. De momento. 

Y ahora llego yo y te digo que Paco Herrera es lo mejor que le ha podido pasar al Real Sporting de Gijón después de haber sufrido un descenso de categoría vergonzante, tras una planificación que los resultados demostraron lamentable ( estuvo a un par de partidos de ser excelente, no lo olvidemos), un entrenador que garantizó la pervivencia del Club pero que tardó en marcharse y otro que vino, cargado de fútbol salvador en su cabeza, pero que fue incapaz de sacar al equipo del hoyo, tras más de una vuelta en el banquillo y con la permanencia en treinta y cinco puntos.  

Todos los técnicos tienes “ataques de entrenador” en algún momento, un término que se acuña tras finalizar los noventa minutos, siempre y cuando la probatura no diera el éxito deseado ya que, de haber fructificado con éxito, se hubiera convertido en una  genialidad propia de un técnico irrepetible. Así que si el domingo inicio mi crónica del partido del filial frente a Osasuna B citando la Ilíada intentando ligarla al devenir partido, en un “ataque de periodista”, no me lo tengáis en cuenta, es mi apuesta: tengo un abanico enorme de posibilidades de cagarla pero, si acierto, tumbo a la competencia por KO en el primer asalto: ¡homérico! 

(Y ya que hablamos del B, ese equipo que es como Santa Bárbara de la que nos acordamos solo cuando llueve, os animo a acudir a Mareo a verlo jugar que, al final, ya nos conocemos todos los que vamos y necesitamos caras nuevas ,que ya nos aburrimos de las mismas jetas siempre.) Se me disculpe el inciso. 

Paco Herrera es lo mejor que le pudo pasar a un Sporting que se fijó, innecesariamente desde mi punto de vista, el objetivo de ascender a Primera a marchas forzadas; un tipo que valora un punto ganado como oro mientras los demás nos quejamos de los dos perdidos porque conoce su inmenso valor a posteriori, un tipo que habla de fútbol en rueda de prensa, que sabe manejar tiempos, mandar mensajes, ser “tribunero” cuando la ocasión lo exige y, sobre todo, un tipo que sabe dónde está, conoce la manera de llegar al final ( aunque haya más cosas incontrolables que controladas). 

Estamos en noviembre y es tiempo de castañas, de sidra dulce y de amagüestu, aunque alguno ya se  dedique a cortar cabezas de entrenadores, a intentarlo o a proclamarlo. Los años de los proyectos a medio plazo quedan tan lejos como aquellos en los que las noticias se contrastaban antes de publicarse, los futbolistas llevaban bigote perenne, no solo en Movember y los abuelos desayunaban tocino frito y una copina de orujo (o dos) desafiando al colesterol y a los triglicéridos 

Y es que, señores, en este Sporting ni se venden motos ni se reparan. Puntito a la hucha y en Junio ya iremos al banco. 

Veremos.