Nacho Méndez, remedio necesario y conocido

Emilio Ordiz

SPORTING 1905

Nacho Méndez
Nacho Méndez

Quizás el mediocentro tenga que coger el testigo de otros canteranos que mejoraron el nivel del primer equipo

30 nov 2017 . Actualizado a las 13:45 h.

Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque esto no es del todo cierto en el caso del Sporting. Siempre se ha mirado con lupa a Mareo y de hecho de no ser por la cantera el club quizás ni siquiera seguiría vivo. Eso si miramos a la perspectiva institucional; pero en la deportiva siempre ha habido revulsivos jóvenes, que ha resultado decisivos en el devenir de un equipo acostumbrado a vivir en una montaña rusa. Obviando el bloque del último ascenso y la última permanencia, ciertos jugadores han servido de aire fresco en momentos de zozobra.

Muchas son las voces que han reclamado la presencia de Nacho entre los once elegidos por Herrera para que este Sporting salga del mar de dudas en el que se ha instalado. Nadie tiene la solución definitiva e irrebatible, pero quien no arriesga, no gana. Y hay precedentes de que la sangre joven no solo sirve para reenganchar a la gente, sino también a una plantilla que necesita un poco de picante para espabilar.

La lista será más larga, pero la mente nos lleva al caso de Jony, ahora tan anhelado por algunos. El de Cangas fue rescatado por Abelardo para el filial, con Sandoval en el primer equipo. Cuando el de Humanes agotó su crédito y el Pitu cogió las riendas de los mayores se dio cuenta de que por sí solo no iba a hacer feliz a la grada. Y con él subió, de la mano, a un zurdo que revolucionó El Molinón. Tres años duró su esencia vistiendo la rojiblanca, pero todavía perdura la nostalgia. Tanto que podría ser el fichaje estrella en enero.

No hace falta seguir un orden cronológico para encontrar un caso más de canteranos que se lo ganaron y nos ganaron. Sirva Nacho Cases. Es llamativo que ahora también se le reclama, aunque en menor medida que al extremo. Preciado apostó por él cuando su tiempo en el filial se agotaba. Y Nacho se convirtió en el complemento perfecto para otros futbolistas como Rivera y posteriormente André Castro. El 31 que luego fue el 10 se convirtió en un bálsamo y más tarde en un hombre clave. Once años en el Sporting deben servir para que se le valore, pero lo cierto es que su entrada en Primera fue un dar en el clavo.

Estos dos jugadores son de los tiempos más recientes, pero deben ser el espejo en el que se mire Nacho Méndez para entender que en sus botas, en su trabajo y en su calidad está el futuro, a poder ser positivo e ilusionante, de un Sporting que tiene el hastío hasta las rodillas. Y sobre todo, quien tiene que atreverse es Paco Herrera. Precisamente para que la dejadez que sus hombres transmiten encuentre un antídoto y el miedo no alcance el cuello.