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Artículo de opinión

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Gijón

La firma del convenio de la Fundación del Sporting con la Universidad de Oviedo tiene como objetivo convertir Mareo en un centro de referencia a nivel internacional. Eso es al menos lo que dijo su presidente y máximo accionista, Javier Fernández. La cantera, ese gran valor que la entidad rojiblanca ha dilapidado y de la que ahora parecen acordarse aunque solo sea de palabra.

A la directiva no le gustan las críticas ni tampoco que se les señale con el dedo. Ellos y algunos estamentos del club insisten en defender su trabajo con la base pero, lo cierto es que, más allá de palabras (otra vez) se encuentra la nada. Es verdad que la entidad parece caminar hacia la sostenibilidad financiera, al menos es lo que venden (otra cosa serán las cuentas que al cocer todo mengua). Sin embargo, en lo deportivo la entidad no tiene ni rumbo ni futuro.

Ya que ni a la propiedad ni a su regimiento le gusta la crítica vamos a dar algunos argumentos. Las críticas o los mensajes para el cambio no llegan únicamente desde la prensa. Personalidades como Alfredo Megido o Iñaki Churruca ya expresaron en La Voz de Asturias su disconformidad con el trato a la cantera. El andaluz apuntaba a que «un club de fútbol no se dirige como un negocio» mientras el donostiarra aseguraba que «el Sporting podía haber consolidado Mareo y no confía en la cantera». Dos declaraciones duras pero reales y que reflejan lo que realmente es esta entidad. Dos manifestaciones de futbolistas que marcaron su nombre en la historia rojiblanca pero que parecen estar en el olvido. En esa misma línea se han movido otros como Enzo Ferrero. Vale más caer en gracia que ser gracioso y a la familia Fernández poca gracia parece hacerle que se critique su forma de llevar la entidad.

De los históricos del club el único que sobrevive es Quini. El Brujo, santo y seña del fútbol español, disfruta (entiéndase la ironía) del cargo de Director de Relaciones Institucionales. Un hombre que siempre ha vivido pegado al verde y que desde hace mucho tiempo se le ha recluido para ser la imagen del club. La cara de una entidad se puede plasmar desde distintas facetas, no tiene porqué ser en un despacho. Basta recordar quién era el hombre que más autógrafos firmaba cuando Manolo Preciado era el técnico rojiblanco. Un Enrique Castro que hace no tanto recordó que a los chavales hay que darles minutos.

Las críticas llegan también desde la grada. Una afición que no está contenta porque se dan cuenta de que no se mira hacia el filial. De nada sirve subir a cinco o seis chavales a entrenar con el primer equipo sin continuidad. La masa rojiblanca puede servir pagar un abono pero no son idiotas. Otros como el ayuntamiento guardan silencio cuando son conocedores que podían haber adoptado otra actitud hacia un club que siempre ha gozado de privilegios y que, desde la era Fernández, ha dado disgustos y dolores de cabeza por encima de cualquier otra cosa. La historia es caprichosa y basta recordar como en el contrato con Doyen en 2011 se incluía un porcentaje de futuros traspasos de jugadores como Sergio Álvarez, Juan Muñiz o Roberto Canella, o la venta de David Villa al Zaragoza en 2003. Y en todas las operaciones un denominador común: una gestión catastrófica.

Las críticas se basan además en la hemeroteca y no solo por las ventas mencionadas. Fernández habla de un gran proyecto para la Escuela de Fútbol de Mareo que en 2018 cumplirá 40 años. ¿Cómo puede plantear esto cuando en 2016 descartó abrir una nueva residencia, fundamental para empezar a poner los cimientos de un verdadero proyecto? Todo a pesar de que voces como Pepe Acebal, Manolo Sánchez Murias o Abelardo apostaban por ello como una idea de futuro.

Esa es la cantera y el trabajo de los Fernández. Hablar de branding, de metodología y de un Mareo Research & Education Lab que en la práctica nadie entiende porque carece de propuestas concretas. A decir verdad al Sporting hay que reconocerle una cosa: en una ocasión miraron para la casa. Cuando la soga ahogaba, había una prohibición de fichar y la entidad estaba a un paso de la desaparición. Se les olvidaba que fue por obligación y no por fe en ella. Brillantes dirigentes.

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