Los rojiblancos siguen agonizando partido tras partido
09 dic 2017 . Actualizado a las 20:17 h.Este Sporting es lo más desesperante que se ha visto en las últimas temporadas y su caída en picado parece no tener freno. Ni siquiera el partido ante un equipo que llevaba ocho semanas sin ganar ha supuesto un cambio de mentalidad ni por supuesto de fútbol en una plantilla poco implicada y un entrenador que acumulaba mucho tiempo sin una decisión acertada. Y las bajas no valen de excusa, porque con un objetivo tan claro como es el ascenso, lo mínimo es competir hasta dejar la última gota de sudor. Algo que desde luego en el Sporting no sucede.
Con Viguera de nuevo fuera de su sitio y de nuevo haciendo un partido pésimo, con Juan Rodríguez cumpliendo en una posición que le agobió más de la cuenta, y con un Alex Pérez que en el centro del campo resta más que suma. Tres ejemplos sirven para reconocer que la deriva de los rojiblancos lleva tiempo siendo la errónea, y la repartición de culpas tiene que ser justa. A Herrera lo que es de Herrera, pero los Fernández siguen viendo las cosas venir y no solo no se van, sino que usan el club como una empresa. Un cuarto de siglo hace ya de eso.
El bueno: Nacho Méndez
El único que pareció querer algo bueno en el partido del Mini. Se ofreció, corrió, ayudó y aportó. Todo lo que se puede pedir a un chico que parece necesario en el esquema de un Sporting sin fútbol. Se ha quitado los nervios de su debut y ha ganado en empaque. Con Herrera no se sabe, pero con otro entrenador será importante seguro, porque lo merece y porque la dinámica del equipo necesita savia nueva.
El feo: Moi Gómez
Sigue siendo un cero a la izquierda en el Sporting. Por más calidad que tenga en Gijón no la muestra. No la ha mostrado nunca. Se esconde, tiene miedo y no aporta absolutamente nada ni con la pelota ni sin ella. Como Viguera, desacierto total visto lo visto.
El malo: Paco Herrera
Seguro, como decimos, que no toda la culpa es suya, pero cada semana sus decisiones son menos entendibles y su rostro denota que no tiene ni fuerzas ni capacidad para dar la vuelta a la situación, por mucho que él diga lo contrario. Su tiempo se ha agotado.