El Sporting B se doctora en El Molinón

El filial del Sporting se pone líder en Segunda B


Hace unos meses, justo cuando los rigores del verano asturiano dejaban más ríos de agua que rayos de sol, como siempre, los tres equipos asturianos de segunda b se enteraban, entre borrasca y borrasca que, este año, se iban a jugar el cocido contra los del grupo II, el grupo vasco: algo así como El Quinteto de la Muerte, pero con bastante menos gracia aunque, con Alec Guinness de por medio, parezca un contrasentido y, la verdad, con alguno más de cinco en liza. La cosa pintaba fea.

En pleno mes de enero, justo cuando los rigores del invierno asturiano dejaban más ríos de agua que rayos de sol, como siempre, uno de los tres equipos asturianos de segunda b se disponía, entre borrasca y borrasca, a asaltar el liderato del grupo a costa de pasar por la derecha, por arriba o por abajo al primer clasificado, el Mirandés de Pablo Alfaro. Algo así como Oro en Barras en donde Alec Guinnes, un empleado de banca un tanto apocado, proyecta un plan para robar un cargamento de oro tras años viéndolo pasar delante de sus narices: era la rebelión…y la cosa tenía buena pinta.

Los primeros instantes fueron de tanteo. El Sporting quería jugar, tímidamente, y el Mirandés, presionar la salida, tímidamente también. Lo único caliente era la grada, como en un partido grande: como lo que era. El juego no se desatascaba, había respeto, centro del campo y marcajes asfixiantes. Ya habían trascurrido cinco minutos.

Se estaba jugando a lo que el Mirandés quería: un partido lento, trabado y físico. Las escasas oportunidades que la férrea defensa visitante daba respiro a los de José Alberto estos intentaban jugar a lo que saben: al futbol…y, sino puede ser, pues a trabajar, que eso lo saben hacer muy bien también.

Y llegó. La combinación fue eléctrica en la frontal, con toques rápidos y precisos que llegaron a las botas de Isma Cerro que batió, sin solución de continuidad, la meta de Limones por su palo derecho, raso, quirúrgico. El que estaba proponiendo se adelantaba en el marcador. Como suele suceder.

El panorama había cambiado. Al Mirandés ya no le llegaba con la táctica de la avestruz e intentó dar un paso al frente. Adelantó líneas e intentó proponer un registro nuevo. El filial aguantó sin problemas y empezó a jugar a la contra, con Pablo y Claudio porfiando con la defensa rival en cada envite. Daba la sensación de que el juego estaba controlado, que el Mirandés seguía siendo el lobo, pero que no mordía demasiado: de momento.

Y se lió la mundial. Una falta muy dudosa de Víctor Ruiz a Yanis provocó el lanzamiento directo que Antonio Romero aloja en la red de un Dani Martín que solo pudo recoger el balón de la red. El propio Yanis, el protagonista de la falta quiso coger el balón de la red con prontitud y, en el rifirafe con los sportinguistas acabó siendo expulsado. El partido se calentaba y, el colegiado, parecía verse superado.

Tras la tempestad volvió la calma. El balón volvió al pasto movido por los sportinguistas con el Mirandés enrabietado por el empate y la expulsión y con un Cervero hiper motivado, arengando, protestando, haciendo de veterano. El partido volvía al lugar en donde lo quería el Mirandés desde el inicio pero con un jabato menos para defender la bandera. Mientras tanto, el Sporting seguía a lo suyo.

José Alberto buscó sangre. 3-4-3 en ataque, agresivo y punzante y un 4-4-2 en defensa, serio y colocado, con un Isma Aizpiri equilibrando los cambios de posicionamiento. Berto Espeso y Montoro por fuera con Pablo, Cayarga y Claudio por dentro, con Pedro a la batuta e Isma Cerro al contrabajo: sonaba de cine la composición.

El tiempo se agotaba y el panorama no cambiaba. El colegiado contemplativo con Cervero, el amo de la categoría, el Sporting sin grandes apuros en defensa, apretando en ataque y el Mirandés aguantando el chaparrón físico, el del público de El Molinón, que saludaba con música de viento( como escribían los clásicos) cada acción rival y el de los extremos abiertos del filial. Tocaba un caldín en el vestuario, que hacía frio.

La segunda empezaba con Cervero en la ducha, Camacho en la punta del ataque del Mirandés y el equipo de Pablo Alfaro pisando el área de Dani Martín. Tocaba trabajar y sacudirse la presión inicial del Mirandés, que había salido enchufado. Pedro lo intentó desde lejos pero el bote rápido del balón delante de Limones no impidió la parada del arquero.

El Sporting sufría en estos minutos como no lo había hecho en los 45 precedentes y José Alberto deambulaba por el área técnica buscando soluciones. El Mirandés seguía cómodo: el punto le venía como anillo al dedo y mantenía alejado el peligro de su área, dando coletazos en la del Sporting, que no se descomponía pero se le presentía incómodo.

Y la película de toda la temporada volvió a proyectarse. En su peor momento, un balón aéreo controlado por Isma Cerro acabó impactando contra la mano de Kijera. El juez de línea alertó al colegiado de la infracción y el propio Isma Cerro, que venía haciendo un partido notable más allá del doblete, confundía a Limones y lanzaba por el lugar contrario de la estirada del portero. 2-1 y el público en pie despidiendo la salida de Isma Cerro del campo, sustituido por Álvaro Traver. Volvía el sol a El Molinón.

Y llegó la traca. Traver se escapó como un tiro por la banda: era el 65 de la segunda mitad, con el Mirandés noqueado por el gol de Cerro y el centro desde la línea de cal acabó cabeceado en plancha por Claudio que marcaba el tercero entre el delirio de la parroquia rojiblanca y clavaba una punta más en el ataúd del Mirandés. La gesta estaba servida.

Al Mirandés le entraron las e intentó hacer en los poco más de veinte minutos que restaban para finalizar el encuentro los deberes debidos. Cayarga, mientras tanto, robaba el balón a Paris por fe y se plantó solo ante Limones que resolvió con una estirada. El Mirandés pagaba su frustración con alguna dura entrada a destiempo sobre los futbolistas locales que veían como el tiempo se consumía a su favor.

El público se vino arriba y coreaba a ritmo de olés el discurrir del esférico a pies de los de José Alberto mientras los discípulos de Pablo Alfaro lo seguían con la mirada. Faltaban poco más de diez minutos para que los chavales de Mareo tocaran el cielo momentáneo de los inútiles lideratos en enero: pero lo bien que sientan, ¿verdad?

Pablo Alfaro Miraba el reloj, José Alberto no paraba de pedirle más a los suyos desde el área técnica y Jaime Santos volvía a casa (ovacionado), un poco después de Navidad y en peores coircunstancias de las que le hubiera gustado, a buen seguro. Pedro seguía mandando en el centro del campo gijonés y Víctor Ruiz, imperial como siempre, se las veía con Camacho, revolucionado.

El colegiado mostraba la segunda tarjeta amarilla a Israel Puerto y Claudio Medina salía ovacionado, como los grandes, por El Molinón. No se movía nadie de la grada, no había prisa por sacar el coche del parking y evitar los atascos. Todo el mundo quería quedarse para ovacionar a estos guajes que no saben dónde tienen su límite aun. Y su cuerpo técnico, tampoco.

Alineaciones:

Sporting B: Dani Martin, Adri Montoro, Berto Espeso, Carlos Cordero, Víctor Ruiz, Isma Aizpiri, Isma Cerro (Traver, min 61), Pedro Díaz, Claudio Medina (Ramón Riego, min 85), Pablo Fernández (Bertín, min 61), Alberto Cayarga

Mirandés: Limones, Paris, Kijera, David Prieto, Israel Puerto, Romero, Igor Martinez (Jaime Santos, min 82), Roberto López (Borja Sánchez, min 69), Cervero (Camacho, min 46), Eneko, Yanis

Árbitro: José Antonio Fernández Rodríguez, del comité territorial gallego, auxiliado en las bandas por Cristian Vázquez Martínez y Zulema González González. Expulsó con roja directa a Yanis en el minuto 24.

Goles: 1-0 (Isma Cerro, min 17); 1-1 (Antonio Romero, min 23); 2-1 (Isma Cerro (p), min 60); 3-1 (Claudio, min 65)

Valora este artículo

15 votos

El Sporting B se doctora en El Molinón