Álvaro Traver, pólvora valenciana para la traca del Sporting B

El extremo selló con dos goles la victoria del filial en Santander

Traver
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Gijón

Que con paciencia y trabajo más temprano que tarde se acaba llegando a la meta, es una máxima que no está escrita en ningún manual de autoayuda pero parece que se cumple en la mayoría de los casos. Seguro que Simon Kuper y Stefan Szymanski le darían una explicación estadística más fría al éxito que la mera romántica estampa del currante impenitente que cruza el primero la meta tras años de sacrificio. Nos gustan ambas imágenes. Y Soccernomics es lectura imprescindible, todo sea dicho de paso. 

Que Álvaro Traver venía bufando como una locomotora de carbón a toda máquina, a punto de estallar, pidiendo paso y reclamando protagonismo inmediato lo sabía cualquiera que hubiera visto un puñado de partidos en el Pepe Ortiz. Sólo un puñado. Si bien no es un fijo en las alineaciones titulares del filial rojiblanco, su concurso se ha ido haciendo más importante con el paso de los partidos, contando cada vez con más minutos bien desde el pitido inicial o entrando como revulsivo en las segundas partes que, en caso de los de José Alberto, siempre son buenas. 

Nacido en Valencia hace veinticuatro años, Traver llegó a Mareo procedente del Levante a comienzos de la presente temporada al no contar Juan Ramón Muñiz con sus servicios para el primer equipo levantino. Antes de recalar en Gijón jugó media temporada en Logroño a las órdenes de Sergio Rodríguez y Rafael Berges, en una temporada movida en el banquillo riojano, en el que comenzó la temporada Juan Carlos Pouso. Su aportación, dos goles en once partidos que no sirvieron para ayudar al Logroñés a cumplir objetivos pero sí a Álvaro para atesorar más minutos y experiencia a los ya cosechados en sus años en segunda división B con Reus y Levante B. 

Extremo rápido y con desborde, Álvaro Traver recorre la banda del Pepe Ortiz a modo de autopista de cinco carriles, sin obstáculos. Siempre vertical y eléctrico posee la inteligencia necesaria para leer el juego y poner la pausa cuando la situación lo requiere para, a continuación, poner al servicio del equipo su verticalidad y, en ocasiones, su olfato goleador como el que tumbó al Racing de Santander en los Campos de Sport de El Sardinero en la última jornada liguera y que le dieron a los de José Alberto una victoria de esas que dan prestigio, una más, en un escenario de primera división. 

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