Artículo de opinión
10 oct 2018 . Actualizado a las 20:26 h.Lo visto en el Metropolitano ante el Rayo Majadahonda no es una novedad esta temporada en el Sporting de Rubén Baraja. El equipo sigue con las dificultades habituales a la hora de encarar puerta rival y de dotar de fluidez su juego tanto en campo propio como especialmente en el contrario. Algo que, sin estar tampoco solucionado en El Molinón, lejos del templo parece acentuarse y agravarse, y eso que el planteamiento del técnico vallisoletano no varía más que en pequeños matices según dónde juegue.
Sin embargo, sí hubo una novedad reseñable -para mal, por desgracia- en el partido disputado en la capital. Si de algo no podíamos tachar el trabajo de Baraja era de desordenado en fase defensiva, pues a pesar de sus dificultades para atacar, destacando esos 0 disparos a puerta tanto en Coruña como en Pamplona, el equipo se mostraba sólido en la defensa del área propia, sin demasiados titubeos y con Mariño salvando cualquier error de sus compañeros. En Madrid todo esto se diluyó.
El Sporting fue incapaz de mantener un índice de posesión suficiente como para maniatar a su rival, cercándolo en su propia área solo en la segunda mitad, con la necesidad imperiosa de buscar el empate, momento en el que por cierto llegó el 2-0. Un gol que vino a mostrar uno de los principales problemas del Sporting en defensa, y es el hecho de aguantar a su rival corriendo hacia atrás. El conjunto asturiano no lleva bien defender el espacio a su espalda, con una línea defensiva que no brilla especialmente por su velocidad y por la poca contundencia que mostraron en su cita ante el Rayo.
Especialmente Iza y Aitor García hicieron mucho daño a los rojiblancos ligeramente escorados, con Schiappacase y Enzo Zidane lanzando, haciendo sufrir a un Molinero que volvió a mostrarse vulnerable a su espalda, un Canella escalonado por sus infructuosas incorporaciones al ataque, y una pareja de centrales a la que le costaba muchísimo llegar al cruce y, cuando lo hacían, les faltaba la solidez que en esas situaciones se demanda. Una descolocación en la altura de las líneas que queda patente en ambos tantos locales, pues en ambas jugadas la defensa gijonesa cerraba solo con tres hombres atrás, dando más opciones al rival en forma de espacios.
Una solidez que tampoco desde lo posicional, aspecto en el que destacaba el Sporting hasta la fecha, fueron capaces de transmitir. En su defensa del área en estático, los rojiblancos no se mostraron nada seguros cerca de la meta de Mariño. Peybernes y Babin no estuvieron todo lo finos que se necesita en ese tipo de situaciones, estando poco contundentes y ofreciendo en más de una ocasión opción a réplica a los atacantes madrileños. Muestra de esta poca intensidad se pudo ver en el segundo gol de los locales, donde el central francés recién llegado del Lorient tuvo un inoportuno resbalón que facilitó la internada del prolífico Aitor García en el área.
Si la defensa de la jugada parte desde la delantera de un equipo en su ejercicio de presión, el Sporting ya se mostró errático desde esa fase del encuentro. Ante la clásica defensa de tres centrales planteada por el Rayo, los de Baraja trataron de efectuar una presión alta para evitar la cómoda salida de balón franjirroja. Sin embargo, con Lod a una altura superior que Sousa y Djurdjevic apretando por un costado, la presión fue descoordinada y a diferentes alturas, sin llegar a tapar líneas de pase y con Carmona y Álvaro Jiménez menos intensos, propiciando que el conjunto madrileño no tuviera demasiados problemas a la hora de salir con el balón jugado como quería su técnico Antonio Iriondo.
Que la mejoría en el aspecto ofensivo debe mejorar es algo obvio, más fuera de casa que en el templo, pero en El Molinón también hay mucho trabajo en ese aspecto. Sin embargo, la faceta defensiva permitía a los de Baraja poder focalizar sus problemas en una sola fase de juego, pero la mala sensación que deja esta derrota en el Metropolitano hace saltar las luces de alarma ante un equipo que siguió carente a la hora de crear fútbol ofensivo, pero también de mostrarse sólido en defensa, quizás la única parte positiva hasta el momento del Sporting. Se multiplican los problemas para Baraja.
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