Artículo de opinión
06 feb 2019 . Actualizado a las 12:42 h.“Nunca se sabe qué encontrará uno tras una puerta. Quizá en eso consiste la vida: en girar pomos”. Recibe la pelota, se gira, abre a banda derecha. Recibe la pelota, se gira, descarga en los centrales. Recibe la pelota, se gira, abre a la izquierda. Recibe la pelota, se gira, filtra un pase. Recibe la pelota, se gira, se apoya en corto, recibe la pelota, se gira, cambia el juego de dirección. Recibe la pelota, se gira. Le acusan de jugar caminando, pero lo cierto es que si no juega, su equipo no camina. El Sporting de Nacho Méndez.
Vimos un partido, como tantas veces, de Segunda en la primera parte. Hubo de todo, las mejores oportunidades fueron para los de casa. Un paradón de Mariño a media tijera de Ortuño, acción que pone la categoría en su sitio ante todo aquel que la desprecia, casi siempre, sin ver un partido completo. Un remate al larguero y una asistencia del portero del Sporting que generó la mejor ocasión del equipo asturiano en el primer acto. Djurdjevic debió pensar que si su mejor aliado estaba tan lejos, iba a ser difícil seguir con su racha goleadora. Pero la segunda parte iba a tener un protagonista tantas veces esperado.
Habíamos visto un equipo bien colocado, un planteamiento dogmático con el libreto de José Alberto, un equipo que no supo gestionar correctamente la presión del Extremadura, a veces excesiva y rozando lo legal. Esta presión provocó que viésemos un Sporting tenue, impreciso, mejor colocado que lúcido en cuanto a juego y fluidez. Pitó el árbitro el final de la primera y pensé “qué poca paciencia tiene este equipo, cuánta calidad y qué poco temple”. A todos los futbolistas les sobraba o les faltaba algo para que el colectivo funcionase. Salvador terminaba estropeando la ventaja que él mismo creaba con uno, dos y hasta tres toques más de los que pide la jugada. Sousa va más rápido de lo que su capacidad futbolística permite, con una lectura correcta de su límite es un futbolista muy aprovechable, con su actual pensamiento, deteriora la progresión del equipo.
Creo que José Alberto se quedó a medias entre dominar el centro y potenciar los costados en su planteamiento inicial. El partido pedía a Santana, por su momento y por su capacidad de asociación, pedía la actitud de Aitor García que debutó con la profundidad que tanto necesitaba este equipo y pedía la mejora de Carmona, que no fraguó su mejor partido pero es capaz de anclar el peso del juego en su parcela. Recuperó la pelota porque recuperó la paciencia. Recuperó la pelota porque aumentaron las herramientas para ello, la entrada de Santana creó un ecosistema idóneo para que Nacho cogiese el mando del partido y trazase una franja tras los pivotes rivales que saltaría todo por los aires. Recuperó la pelota y el equipo puso a su goleador cerca de su presa.
No fue un partido brillante, ni terminamos entusiasmados, ni siquiera fue ese “puñetazo” que pueda parecer un 3-0 fuera de casa, pero fue una victoria para apretar los dientes y no relajarlos hasta el viernes tras recibir a Osasuna en El Molinón. En la jornada 25, aunque el entorno lleva jugando finales desde septiembre, llega el primer partido donde el equipo saldrá siendo adulto o penderá de los siguientes 90 minutos cada siete días. Con lo que esto último significa, nervios, desasosiego, ansiedad, entorno fangoso, poco fútbol en el día a día. Y ya hemos visto que cuando mejor salen las cosas es cuando más fútbol hay sobre el césped, y en la calle.