Artículo de opinión
24 oct 2020 . Actualizado a las 13:18 h.El fútbol es muy sencillo, mucho más de lo que sospechamos. Sin embargo, con el balompié a veces ocurre como con las películas de Christopher Nolan, que alguien escribe en Twitter que no se entienden y el resto vamos detrás repitiendo el mismo mantra. Que ha habido gente que llevaba meses, e incluso años, sin pisar un cine y ha pagado una entrada solo para poder decir que lo de Tenet a Nolan le ha salido regular. Cuando militaba en la tercera cadete asturiana, un día el presidente del equipo irrumpió tras un entrenamiento en el vestuario para preguntarle a uno de los compañeros si tenía el carnet de mutualista (de la Mutualidad de Futbolistas). El chaval en cuestión, ya vestido y casco de moto en mano para regresar a casa, creyó que le habían preguntado si tenía carnet de motorista. Así que afirmó con la cabeza y se fue. El problema es que siempre intentamos jugar todo a nuestro favor.
Comencé estas líneas afirmando que el fútbol es muy sencillo y lo mantengo. En un córner en contra Rivera le dijo a Bilic «tú aquí» y el balón fue directo hacia la testa del croata. Habrá quien señale las grandes proporciones de la cabeza del delantero balcánico o quien apele a los enormes conocimientos futbolísticos del mediocentro, mientras que el resto optará por explicarlo a través de la fortuna. Intuyo que es más fácil de lo que en ocasiones creemos. Lo cierto es que hay pocas verdades absolutas a las que uno se puede aferrar. Si Maldini da su visto bueno al último fichaje exótico de tu equipo échate a temblar. El resto es impredecible. El resto es dejarse llevar sin esperar nada a cambio. Pero si constantemente le exigimos réditos a nuestro día a día, qué no le vamos a pedir al fútbol.
Hace bastantes años me contó un amigo como en un desplazamiento al Sardinero se quedó atónito al observar que la afición local comenzaba a corear «ahora más que nunca Racing de Santander», tras un gol del Racing. Y las cosas no funcionan así, primero hay que estar en las malas y luego uno ya puede celebrar los éxitos. Que el fútbol es muy sencillo pero tampoco hay que pasarse de listo.
La virtud ajena
Las primeras partes no son del agrado del conjunto rojiblanco, pues hasta el momento las ha enfrentado como un estoico ejercicio de resistencia. Pasa con esto de defender que siempre hay alguien que termina por deshacerte las costuras. Aunque la jugada comience con una contra de libro orquestada por Mariño y el equipo se repliegue raudo, sin desatender las marcas, Caye Quintana puede colgar un balón limpio al área y Juande fusilar con autoridad la portería visitante. El rival también juega y conviene no olvidarlo ahora que nos encontramos sumidos en un fútbol cada vez más táctico donde se consiente antes el error propio que la virtud ajena.
Habían finalizado el primer tiempo los asturianos rondando el área malaguista y tras el paso por vestuarios decidieron elevar la apuesta. El Sporting buscó ser protagonista a través de un Manu que se veía cada vez cómodo rompiendo líneas defensivas y una banda derecha por la cual no dudó en asomarse el canterano Guille Rosas. Ocasiones no faltaron, a pesar de que el VAR y la puntería no tuvieron a bien conceder un premio más que justo a los hombres de Gallego.
Partidos así se pierden pocos, pero se pierden. El fútbol es muy sencillo, más de lo que creemos. Por eso hay noches que no tienen explicación.
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