Pizarra: Las 4 claves del empate del Sporting

Dani Souto

SPORTING 1905

Gallego
Gallego Real Sporting

Artículo de opinión

04 dic 2020 . Actualizado a las 14:05 h.

Noche de perros para los de David Gallego. El Sporting lo intentó, luchando contra todos los elementos, ante la muralla defensiva impuesta por el Albacete, la inspiración de un Tomeu Nadal sublime o las injerencias climatológicas. Noventa minutos de lucha y ocasiones que nos dejan la sensación de que cualquier otro día, sin lo incontrolable del diluvio, se podrían haber sumado los tres puntos. Solo queda seguir ‘remando’.

Vigilancias defensivas

No fue un partido exigido para Mariño, algo que deriva directamente del buen desempeño defensivo de un Sporting riesgoso, con la línea bastante adelantada y teniendo que defender muchas veces corriendo hacia su propia portería, faceta en la que los pupilos de Gallego suelen sufrir. Sin embargo, hay que hacer hincapié en esas situaciones que dan lugar a la duda; ese espacio entre la pareja de centrales y nuestro portero que el Albacete pudo atacar con liviano peligro con algún balón largo en la primera mitad. Acciones que no tuvieron repercusión, pues ya fuera con la corrección de Borja o Babin o las salidas de Mariño para despejar o blocar, se terminó solventando cualquier amago de peligro rival, pero hay que poner un toque de atención a este tipo de situaciones para que no se traduzcan en ocasiones en contra en el futuro, y es que más allá de esto, el partido defensivo del Sporting anoche fue notable.

Posesiones faltas de profundidad

Especialmente en la primera parte, con un escenario más propicio para el control del balón, el Sporting acumuló altas cuotas de posesión, dominando a un Albacete que rápidamente replegaba su línea de cinco atrás y dificultaba el avance rojiblanco en su mitad de campo. No era el día para poner en práctica la salida de balón, pero sí para que los movimientos de sus hombres de ataque marcaran la diferencia, algo en lo que solo destacó Uros Djurdjevic. Las mejores ocasiones rojiblancas llegaron con buenos desmarques de ruptura del serbio, que se generó un espacio muy difícil de defender, estirando al rival y atacando con determinación su espalda. También estuvo acertado en sus movimientos de apoyo, cuerpeando con los centrales, pero el Sporting a veces parecía necesitar algo más para llegar con ventaja a la zona de tres cuartos.

Álvaro no terminaba de arrastrar a los centrales rivales, y con los extremos por dentro, se buscaba más la asociación en corto con mucho pase de cara que el desmarque; únicamente las incorporaciones de Saúl y los citados movimientos de Djuka permitieron encontrar esas situaciones de ventaja en la primera mitad, haciendo que buena parte del dominio de balón de los locales fuera estéril en lo ofensivo.

Activación de la banda derecha

Quizás sea fruto de mi imaginación, pero David Gallego parecía ver esa misma falta de profundidad, por lo que buscó activar una banda derecha que en la segunda mitad cambió por completo -mientras el terreno de juego lo permitió-. Algo tuvo que decirle a Pelayo que insufló confianza al canterano, ubicado en una posición novedosa para él. La timidez del primer tiempo, evidenciada en algún amago de incorporación que se quedó simplemente en eso, dio paso a un atrevimiento que destapó una calidad para el centro lateral hasta ahora desconocida en su figura. El Sporting equilibró su sistema, aportando más desequilibrio y profundidad por derecha y descargando de dicha responsabilidad a Saúl o Djuka; los de David Gallego sumaron un registro más en su ataque y esto ofreció más oportunidades de gol en el área manchega. No llegó el premio del gol, que se resistió no solo en el desacierto en las botas de Gaspar o en los cabezazos de Djuka, también a raíz de la inspiración del portero rival, Tomeu Nadal, que realizó un partido de mérito. Lo más extraño de la noche fue que el marcador no se moviera.

El estado del césped

No es una cuestión táctica como tal, pero sí reclama una adaptación y ciertos ajustes en el plan de juego que se plasmaron sobre el verde. El césped de El Molinón drenó lo que pudo, y bastante aguantó ante tal diluvio ininterrumpido, pero los charcos terminaron por dificultar el circuito asociativo de los rojiblancos, teniendo que adaptarse al medio y optando por más duelos aéreos y balones directos que de costumbre. El Sporting tiene las de perder en este tipo de escenarios, sumando dificultades a un plan de juego que demandaba pragmatismo y desempeño físico. La entrada de Pablo Pérez aportó en este sentido, pero no había muchos más argumentos en el banquillo para imponerse en ese contexto. Aun así, los de Gallego siguieron con su empeño, logrando más de una ocasión de peligro bajo el primer gran aguacero del invierno que se aproxima, un factor climatológico que no supone una variante táctica en sí misma, pero que sí demanda su aplicación.

Los cambios

Pablo Pérez por Álvaro. Era un escenario que favorecía al canterano, que pudo ganar más de un duelo por alto con alguna prolongación beneficiosa para los suyos. Un jugador mejor adaptado al contexto que un Álvaro Vázquez que no estuvo lo suficientemente acertado como para llevarnos la sensación de haber aprovechado su oportunidad. Pablo cumplió con lo que se le pedía.

Javi Fuego por Aitor. Un cambio que igualmente responde al escenario y al desempeño del sustituido. Aitor no tuvo su mejor noche, y con un partido que se acercaba al intercambio de golpes a través del juego directo con balones aéreos, la presencia de un jugador de mayor contención como Fuego se hacía necesario, escorando de nuevo a Manu hacia la banda, restándole trascendencia. No tuvo gran incidencia en el partido, pero la entrada de un jugador como Fuego era necesaria.

Carmona por Gaspar. No tuvo mayor influencia la entrada del ‘10’ al terreno de juego más allá de las acciones a balón parado. El estado del césped no era el propicio y tampoco se pudo sacar demasiado provecho a sus centros al área.

Nota a David Gallego y el cuerpo técnico

Suficiente. Buen partido del Sporting que tuvo que luchar frente a todos los elementos. La falta de acierto propia y la inspiración rival impidieron que se moviera el marcador. Gallego no tenía muchos recursos para adaptarse a un escenario que claramente no les favorecía, apostando por un cambio de dibujo inicial que sí tuvo su incidencia. Una primera parte positiva y una segunda en la que su pizarra careció de relevancia. No fue un partido para técnicos.

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