Artículo de opinión
07 dic 2020 . Actualizado a las 16:04 h.Impotencia. Con esa sensación se va la expedición de David Gallego de Cornellá. No porque el Sporting dominara o tuviera situaciones claras para que el resultado fuese otro, sino porque de nuevo no se corresponden las sensaciones con el premio obtenido. Viendo el desarrollo del partido, salir derrotado podía ser lo más lógico, pero el hecho de que el tanto visitante llegara en los últimos minutos tras un buen ejercicio defensivo de los rojiblancos, además de todo lo sucedido en esa última acción del partido, hacen que la rabia inunde a todo aficionado sportinguista. Un sentir que exteriorizó a la perfección Babin por todos nosotros. Aun así, con el pulso más calmado, vamos a analizar algunas de las claves de esta derrota.
Dificultades en salida de balón
No cambió su forma de proceder el equipo de Gallego, que apostó por construir una salida de balón en corto como primer paso para asentar sus ataques. Sin embargo, el Espanyol no lo puso fácil. La colocación y coordinación en la presión de los pupilos de Vicente Moreno fue prácticamente perfecta, posiblemente el equipo que mejor ha planteado tal presión sobre la salida rojiblanca. No era un contexto fácil, y a pesar de ello no se renunció a intentarlo. Esos primeros pases, por momentos demasiado planos y horizontales, no terminaban de favorecer que el bloque avanzase hacia la mitad de campo rival. No siempre hay opción, pero en algunas situaciones sí se podía demandar cierto punto más de atrevimiento, de salir en conducción, dividiendo la marca rival, por parte de uno de los centrales. Pero Gallego no quiso arriesgar, guardó la ropa y prefirió ser cauto en ese tipo de situaciones.
La defensa del sector derecho
Desde el primer momento de partido se pudo ver la importancia de la banda izquierda del ataque del Espanyol. Vicente Moreno juntó allí no solo a los dos habitantes habituales de aquel costado, Pedrosa y Melamed, sino que también se dejaban caer por allí, en posiciones más interiores, hombres de buen pie como Darder y Embarba. Difícil papeleta en un sector diestro de nuestra defensa que se cargaba rápidamente con tarjeta en la figura de Gaspar. La constancia del conjunto perico por ese lado fructificó en que Guille Rosas volviera a firmar un gran partido desde el lateral. Al canterano le tocó bailar con la más fea, y cumplió con creces, con el único lunar en una jugada menos recurrente en el partido pero que acabó en gol, tirando la línea algo descolgado respecto a la posición de sus compañeros. El Espanyol amagó en alguna ocasión con generar peligro desde el cambio de orientación tras atraer a tanto futbolista sportinguista en su lado fuerte, pero no exigió demasiado en las basculaciones a los de Gallego, que con su buen hacer en banda derecha consiguió aguantar en el duelo clave del partido.
Demasiado cerca de Mariño
Como era normal viendo el guion del partido, con el Sporting intentando salir jugando desde atrás pero sin tener mayor continuidad en su juego ofensivo, el Espanyol hizo recular en largos tramos del encuentro a la retaguardia visitante en el entorno de su propio área. Tanto que en ocasiones no parecía favorecer a los intereses de los asturianos. Hacerse fuerte cerca de Mariño, algo que entendíamos fundamental en la previa del partido, y que el Sporting logró ejecutar con solvencia. Bien es cierto que la línea defensiva en ciertas ocasiones se hundió en demasía, ofreciendo opciones a los blanquiazules para finalizar las jugadas desde la frontal, aunque tan solo en un remate potente de Darder se exigió una intervención de mérito de Mariño. Hablando de méritos, hay que atribuirle el suyo a un Espanyol que forzó esta situación con continuidad, pero hay que tratar de evitar en la medida de lo posible ceder metros de más ante la ofensiva rival.
El último pase
Más en el segundo tiempo que en el primero, el Sporting fue capaz de encontrar situaciones para correr al espacio. Era el guion previsible: aguantar, hacerse fuerte en área propia y aprovechar aquellos contraataques que pudieran generarse con el paso de los minutos. Dichas oportunidades aparecieron, y si bien las conducciones de Aitor o las recepciones entre líneas de Manu auguraban una buena situación de peligro, el último toque o la toma de decisión para encontrar la mejor opción para finalizar la jugada no terminaron por darse. El Espanyol supo defenderse corriendo hacia propia portería, pero seguramente un índice de acierto mayor en esas transiciones hubiera generado situaciones de peligro más claras para el Sporting.
Los cambios
Carmona por Gaspar. Primera sustitución lógica por la tarjeta que arrastraba el canterano y la influencia ofensiva del Espanyol en esa zona. Aun así, la entrada del balear tampoco supuso un cambio a mejor o peor en la dinámica del equipo. Más presente a la hora de lanzar el balón parado más que de dar mayor presencia al ataque rojiblanco.
Pablo Pérez por Manu y Álvaro por Djuka. Últimos minutos, necesidad de atacar más vertical al haber más espacios con el rival volcado. Pablo ganó algún envío directo, aunque no tuvo tantas opciones de participar como ante el Albacete. Álvaro por su parte tuvo una buena situación en área rival nada más entrar, pero el acierto fue el mismo que en los minutos precedentes.
Cumic por Aitor. Condujo una contra con velocidad en la única opción de ataque que pudo disfrutar el serbio, pero no tuvo tiempo para aportar nada al partido.
Nota a David Gallego y el cuerpo técnico
Suspenso. No le falta razón en que el Sporting podía haberse llevado perfectamente un empate, quizás pensando más en su buen hacer defensivo durante 88 minutos de encuentro que en esa acción en área contraria en la que el VAR no entró, al igual que el de Suria tampoco quiso valorar. El guion de partido era esperable y el desempeño en defensa fue de notable, pero las dificultades del equipo para generar fútbol ofensivo en el global del partido y esa mínima asunción de riesgos con el balón limitó las opciones de un Sporting que no pudo aguantar a un rival superior en plantilla, presupuesto y propuesta. 6 puntos en el último mes, repartidos en siete encuentros disputados; un bagaje pobre, pero que en absoluto se corresponde con las sensaciones de un equipo que sigue siendo igualmente competitivo.
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