Artículo de opinión
01 feb 2021 . Actualizado a las 16:38 h.Me irritan las pequeñas cosas, las nimiedades del día a día.
Dos mil veintiuno está superando con creces las expectativas. Ha decido coger a dos mil veinte por las solapas y, al tiempo que lo zarandea, le grita «aprende, inútil, así se siembra de verdad el caos». Un terremoto tras otro en Granada, un edificio vuela por los aires en el centro de Madrid, un meteorito ilumina los cielos del suroccidente asturiano... Quizá mañana nos despertamos con un tsunami en las costas del Mediterráneo o quién sabe si seres oriundos de otras galaxias no tendrán a bien visitarnos, y entonces preguntaremos si hay que ir a la oficina o teletrabajamos mientras dura la invasión.
Todos estaremos de acuerdo en que a los mayas les bailaron dos números: la fecha del fin del mundo no era 2012, sino 2021. Y, sin embargo, no es el apocalipsis lo que propicia mis drásticos cambios de humor, al caos más absoluto uno termina por acostumbrarse, no queda otra; lo que de verdad consigue sacarme de mis casillas, lo que logra que me lleven los demonios, son los vaivenes de la rutina.
Un saque de banda en contra que claramente debería ser a favor. Muestran la repetición de la jugada y compruebas de forma nítida, sin lugar alguno para la duda, que el balón debería ser para tu equipo. Esas pequeñas injusticias que no suelen tener gran influencia en el resultado también duelen y van poco a poco desgastando tu paciencia. Luego hay días en los que no ocurre nada, segundas partes que son un páramo deshabitado. Un empate a cero a la hora de la comida siempre es difícil de digerir.
El partido frente al Cartagena me hizo recordar la letra de la canción Espacio Vacío, una colaboración entre el grupo madrileño Carolina Durante y los argentinos El Mató A Un Policía Motorizado: «Tus sueños de felicidad / Se detienen en la noche / A mí no me podrás culpar / No tienes nada que ofrecer». El Sporting, en una de sus versiones más austera, no fue capaz siquiera de aprovechar la inercia de resultados positivos en casa para llevarse los tres puntos. Y tras la expulsión, de nuevo polémica, de Aitor, terminó abrazando el empate como un mal menor.
La canción continúa con una estrofa más esperanzadora: «Pero no / Tú no puedes dejarte arrastrar / Y nada se ha perdido». Preocupa la racha de resultados que el equipo atraviesa, pero aún no se ha perdido nada.
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